Share
Amnesia

Ella despertó repentinamente y se encontraba sentada en el banco de un parque, estaba adormecida, no se ubicaba ni reconocía donde estaba. Tenía frío, porque soplaba una corriente de viento helada. Miró su reloj en un acto reflejo y se dio cuenta que eran las 6:15 am. ¿Qué hacía allí a esa hora? Además, tenía puesto un elegante vestido negro, semi-corto y tenía el maquillaje casi intacto. Volteó a su derecha y sobre el banco, a su lado, estaba su par de zapatos y su cartera marrón, que de inmediato revisó y tenía todas sus pertenencias, inclusive su teléfono móvil, solo que descargado.

Amnesia

Trató de incorporarse y sentía que las cosas le daban vueltas. Se llevó las palmas de sus manos a la cabeza intentando detener el mareo. Luego se trató de incorporar pero no logró levantarse, la punta de los dedos de sus pies quedó flexionada y así decidió quedarse un rato, lista para levantarse, la espalda hacia delante y las piernas semi abiertas. Desde esa posición comenzó a ver a su alrededor y estaba rodeada de árboles, claros cubiertos de grama y caminerías de tierra, había un poco de neblina. Pasó cerca de 10 minutos en esa posición, inmóvil, tanto que llegó a parecer una estatua que formaba parte del paisajismo de aquel parque.

Finalmente, al darse cuenta que no pasaba nadie, decidió levantarse. Una vez de pie, tenía su cartera en la mano derecha y sus tacones en la izquierda y el banco atrás, pero no se movió por una simple razón: ¡No sabía a dónde ir porque no recordaba dónde estaba! Entonces volvió a sentarse y se dijo a sí misma: “¡Ya va! Tengo que pensar bien lo que voy a hacer”. Cruzo las piernas e inclinó la cabeza hacia atrás y su cabellera color miel se extendió casi hasta la mitad del respaldar del banco. Su cuello, muy bien formado, formaba curvas tentadoras, pero luego se levantó bruscamente… casi de un salto!!! Y su rostro se llenó de angustia. ¿Por qué?… ¡no recordaba quien era!.

Amnesia

Fue presa del pánico, primero comenzó a restregar sus manos por su rostro y a alborotar su cabello. Se corrió el labial por sus mejillas y las lágrimas también estropearon el maquillaje. Diferentes rostros de desesperación tomaron forma. Sin darse cuenta luego tenía el cabello en la cara, hasta dentro de su boca. “Esto no puede estar pasando”, se dijo a sí misma. Quería gritar pero no podía. Entonces comenzó a correr de un lado a otro, sin alejarse del banco, solo quería desahogar su frustración. De esa manera, una rubia corría con sandalias de tacón y con un elegante vestido negro por un parque de vegetación exuberante, menos mal que no había nadie que fuera testigo de tan curioso evento. Corrió hasta que se cansó y decidió sentarse en el banco. Tomó un pañuelo de su cartera y comenzó a limpiarse el rostro cuando notó que dentro de la misma cartera había una hoja de papel doblada.

Al desdoblarlo se dio cuenta que era un mapa hecho a mano de aquel parque que llevaba a una laguna, que en el medio tenía marcada una X. En la parte inferior de la hoja estaba escrito: “cuando llegues a la X encontrarás todas las respuestas, solo tienes que confiar”. Por un momento le pareció una broma… “¿debo meterme en un lago para encontrar respuestas?”… se preguntó a sí misma. No le quedaba otra opción que seguir aquel mapa. Por fin habló y se dijo a sí misma: “debo encontrar la laguna, nada pierdo con verla desde afuera, a lo mejor no es profunda o es un charco”.

Iba a comenzar a caminar, pero volvió a sentarse en el banco y volvió a pronunciar palabras: “¡Ya va! Primero vamos a revisar que hay aquí”, acto seguido vació todo el contenido del bolso en el banco, estaba buscando cualquier documento de identidad. Había lapiza labiales, un espejo pequeño, un mini-estuche de maquillaje, una barra de chocolate, unas pastillas para el dolor de cabeza, un monedero con dinero en billetes y monedas, pero… ningún documento de identidad. “¡Esto no puede ser tendré que buscar el dichoso lago!”.

Amnesia

Se levantó, se colocó sus zapatos de tacón, puso su cartera bajo el brazo izquierdo, con su mano derecha sostenía el mapa y comenzó a caminar por un sendero con piso de madera que se introducía en un bosque que se abría casi a unos 25 metros detrás del banco. Cruzó un breve trecho boscoso con dificultad por el vestido, luego llegó a otra caminería de piedras que rodeaba una especie de plaza abandonada, cruzo otro trecho de bosque, había un silencio que no ayudaba en nada, caminó con rapidez y al salir del área boscosa, allí estaba el lago y era un lago natural, hasta había patos nadando en él y otras aves bebiendo agua, mientras que una leve neblina acariciaba su superficie. Olía a agua estancada, pero no era desagradable. Su angustia volvió a verse reflejada en su emotivo rostro, no sabía si llorar, reír, gritar o quedarse tranquila.

Se acercó hacia la orilla, soltó los zapatos que cargaba en sus manos y cayeron al lado izquierdo. También soltó su cartera que al caer cerca de su pie derecho y salió parte de su contenido. Se sintió mareada nuevamente y comenzó a comerse la barra de chocolate para tomar energía y estabilizarse un poco, soltó los papeles del envoltorio al suelo. Abrió el pequeño envase que tenía pastillas para el dolor de cabeza y se tragó tres de ellas, luego sin darse cuenta volteó el recipiente y las pastillas azules comenzaban a caer en su tobillo. Tomó el mapa con ambas manos y se dio cuenta que tenía que nadar un buen trecho. “A lo mejor no es profundo y llego caminando… ¿lo hago o no lo hago? ¿qué debo hacer?”… arrugó el mapa, lo soltó y cayó entre sus piernas. De repente se dio cuenta que estaba parada en un basurero de todas las cosas que había arrojado: hojas secas, tierra, papeles, pastillas, zapatos, piedras, etc. Levantó la mirada y miró con dificultad al astro rey posado en el cielo, estaba encandilada… “¡Es una señal!”, se dijo a sí misma.

Amnesia

Estaba contemplando aquel lago de agua verdosa hasta que en el lugar donde justo estaba la X en el mapa, comenzaron a salir burbujas, todas las aves volaron espantadas. ¿Qué había allí?. Ella no aguantó la tentación, se quitó el vestido y se quedó en ropa interior color negro, era ropa íntima delicada y de muy buen gusto que acentuaba su figura, más no un traje de baño, pero no le quedaba otra opción, porque nadar con aquel vestido iba a ser aparatoso. En forma decidida comenzó a entrar al agua, camino dentro de aquel lago hasta que el agua le llegó al cuello… cuando se sumergió para empezar a nadar entonces…. ¡DESPERTÓ!.

Abrió los ojos y estaba acostada en una cama de sábanas blancas, estaba desarropada y consternada, su rostro expresaba el más profundo asombro, se puso de pie. Vestía un blujean muy ajustado y arriba tenía solo un top color negro. “¡Qué coño está pasando aquí!” se dijo a sí misma con angustia. Salió del cuarto y llegó a una sala vacía, solo al fondo estaba la cocina. Quería ponerse una blusa o franela pero no encontraba nada. Caminó como perdida por aquella sala, se asomó al balcón buscando ubicarse y se quedó mirando hacia afuera, estaba en una ciudad pero no recordaba cual. Ella parecía un cuadro, asomada en forma llamativa y con rostro curioso, en punta de pies, mirando al infinito mientras se apoyaba en la baranda.

Amnesia

Luego de 5 minutos mirando hacia afuera y tratando de recordar, volteó hacia la cocina y se dio cuenta que había una nevera, un teléfono y un televisor. Corrió y tomó el teléfono en sus manos con rostro de emoción, pero la línea estaba cortada. Le dieron ganas de vomitar, trató de hacerlo en el lavaplatos pero no pudo. Abrió la nevera buscando algo dulce, solo había una jarra con agua y otra con leche, la cual tomó en su mano izquierda. Dejando la puerta de la nevera abierta vio que al lado había un control remoto, lo agarró y prendió el televisor, estaban pasando las noticias, las veía con atención mientras bebía un poco de leche hasta que en el canal de TV que estaba puesto, desde el estudio dieron el pase a un reportero que estaba cubriendo las noticias ¡en el parque!, sí, aquel parque donde comenzó su amnesia. Fue presa del pánico, soltó la jarra al suelo, quedó parada sobre un charco de leche. Con las dos manos subió el volumen y escuchó al reportero decir:

En la mañana de hoy fue encontrado el cuerpo de una joven, que al parecer se ahogó en la laguna del parque Santa Cruz. La mujer aún no ha sido identificada, sus pertenencias y el resto de su ropa se encontraron en la orilla sur, pero no había ningún documento de identidad”.

El camarógrafo del canal de TV, de manera intrépida y amarillista, había logrado captar una toma de aquella joven antes que los policías cerrarán la bolsa de cadáver. Se distinguió por completo el rostro, era ella, entre el lodo y el color blanco mortecino, distinguió claramente que era ella. Le entró un ataque de histeria, comenzó a saltar sobre aquel charco de leche, gritaba, brincaba, golpeaba la pared, hasta que se clavó un pedazo de vidrio de la jarra en su pie derecho, era solo una astilla, pero manaba sangre y la leche se tornó rojiza. Ese agudo dolor sirvió para sacarla de su histeria. Cojeando se dirigió a la puerta de aquel apartamento, pero estaba cerrado, la habían dejado encerrada. Tenía frió, quería terminar de vestirse pero no encontraba con qué. Lloraba de dolor y desesperación.

Volvió al cuarto donde había despertado y que tenía un baño, se miró al espejo y vio reflejado el rostro de la locura. De allí tomo una toalla pequeña para atender su herida. Se vendó el pie con la toalla, se arropó con una sábana y se quedó sentada en la cama, hasta que se quedó dormida.

Horas después… Sintió que alguien le daba suaves empujones en la espalda hasta que despertó, se incorporó asustada, tenía ante ella a un hombre alto, corpulento, con barba tupida, vestido con camisa azul, pantalón negro y botas de montaña marrones. Sus antebrazos tenían tatuados una serie de símbolos que no identificaba. Al principio se asustó, pero luego se sintió calmada, había algo familiar en aquel hombre que le deba tranquilidad, pero esa tranquilidad no duró mucho tiempo al darse cuenta que tenía puesto un camisón de dormir. Le habían cambiado la ropa y curado la herida. ¿Quién era aquel hombre?

¿Dónde estoy? ¿Quién es usted?.. preguntó ella.

¿No me reconoces?… respondió él.

¿Quién eres y qué hago aquí? … le gritó con autoridad al hombre.

Yo te saqué de una vida de penurias, te lleve al parque de la nostalgia y luego te saqué de aquella laguna para traerte a una nueva vida. ¿No recuerdas nada? Otra vez lo olvidaste todo. Eso pasa cuando pasamos de una vida a otra…. Fue la respuesta de aquel hombre.

Ella simplemente de desmayó en sus brazos.

Fin de la primera parte (Continuará)

Share