Share

El uruguayo Martin Méndez, mejor conocido por su trabajo como bajista de Opeth, ahora presenta su propia banda White Stones que editó su primer disco “Kuarahny” a través del sello Nuclear Blast Records. Había muchas expectativas con este debut y sobre cómo sonaría y lo cierto es que suena mucho al Opeth de finales de los 90 y principios del nuevo milenio, lo cual es válido, después de todo, Méndez pertenece a las filas de esa agrupación de death meal progresivo desde 1997, aunque irónicamente él declaró a la prensa que nada tiene que ver una banda con la otra.

De todas formas “Kuarahny” (un idioma de las etnias uruguayas significa Sol y se pronuncia Kwa-Ra-Hee) es un disco espectacular, inquietante, lleno de detalles, con una riqueza considerable de arreglos y con estructuras compositivas de alta factura. Martin López desbocó la pasión que lo caracteriza en esta placa, grabando las guitarras y los bajos. El fenomenal trabajo vocal-gutural corre por cuenta del catalán Eloi Boucherie a quien conoció en Barcelona. Para el trabajo de los solos de guitarra (magníficos y bien desarrollados) Méndez buscó ayuda de sus amigos Frederik Akesson (Opeth) y Per Eriksson (Katatonia). Las baterías corren por cuenta de Jordi Farré, quien lució impeccable en un disco lleno de cambios de ritmo y estilos.

Como latinoamericanos nos llena de orgullo que este disco sea producto de la unión de un latino con músicos españoles, porque es fascinante de principio a fin. El álbum abre con el tema homónimo, creando un ambiente oscuro y atmosférico para el álbum que se rompe en secciones melódicas suaves pero efectivas, es una breve introducción instrumental que abre la canción de seguimiento «Rusty Shell«, que te lleva de vuelta a una apertura de nostalgia y de un tiempo más simple, solos estremecedores y secciones rítmicas directas.

Drowned in Time”, “The One” y “Guyra”, son canciones súper cautivantes llenas de montones de riffs impresionantes y con las progresiones de acordes más selectas que hacen que cada tema sea pegadizo casi de inmediato. «Ashes» es una sorpresa bienvenida con sus complejidades en la construcción de texturas vívidas en la segunda mitad de la canción. La melodía de la canción hace que valga la pena escuchar del resto del álbum porque es envolvente.

El disco ofrece variedad porque con «Infected Soul» las cosas cambian dada la lenta progresión de la música, adosada con algunos elementos minimalistas y con un trabajo de bajo de Méndez que demuestra sus dotes con el instrumento. «Taste of Blood» comienza lentamente y finalmente se abre a una pared de sonidos que parecen experimentar una construcción interminable con los riffs y acordes construidos entre sí para mantener la música unida. Ligeramente caótico pero aún bastante sencillo y agradable.

El sonido de guitarras es formidable, porque puede sonar muy sucio o lleno de distorsión a ratos, pero repentinamente te encuentras con un sonido limpio y majestuoso, pero lo mejor es que a veces suenan ambos al mismo tiempo. Impresiona la mixtura de tendencias que suenan en forma conjunta: progresivo, psicodelia, doom, death, gótico y a veces unos guiños a ese rock duro a la usanza de Motorhead.

Share