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La filósofa francesa, Simone de Beauvoir, concibió a la mujer como un ser que supera lo biológico y que tiene como programa de vida exaltar sus bondades para contribuir a una mejor sociedad. No obstante, hay algunas  féminas antagónicas a su creencia, que en el camino mutilan sus valores, su inteligencia, su capacidad  de empoderamiento y optan por una serie de praxis que atentan con lo moral, y el status quo que se presenta dentro de la humanidad.

Esto se ve reflejado en la película “Las estafadoras de Wall Street” (Hustlers), que está inspirada en un suceso que ocurrió en la Gran Manzana, en el cual una serie de strippers bajo el mando de Roselyn «Rosie» Keo, decidieron estafar a un cúmulo de hombres que acudían a los distintos clubes de la ciudad con la intención de vivir el típico sueño americano donde la opulencia se manifiesta.

El suceso no tardó en llegar a los tribunales, dado a que los implicados interpusieron una serie de demandas en contra de ellas, porque no solo les hurtaron su dinero, sino que también fueron expuestos a sustancias psicotrópicas que ocasionaron una serie de efectos adversos en ellos, temporales, pero de igual manera desagradables.

La historia caló en la opinión pública no solo por lo ficcional que podía sonar, sino porque además una de las encargadas de gestar el plan  fue vista durante el Festival de Cine de Toronto posando para una serie de fotografías. Eso captó la atención de Lorene Scafaria, quien decidió llevar a la gran pantalla todo este acontecimiento de la mano de Jennifer López, Constance Wu, Cardi B, Keke Palmer, Julia Stiles y Lili Reinhart.

Es una producción  que contó con gran de dirección de arte y fotografía, pero que lamentablemente  suele ser un tanto cacofónica a lo largo de la trama a nivel de planos y de acontecimientos similares.

La principal crítica que se hace es en la manera de plasmar el empoderamiento femenino desde una óptica totalmente corrompida, en la que existe una criminalidad enérgica que se encubre a través del glamour, el deleite, la sexualidad, y el cuerpo escultural de las féminas que se usa como una vía para combatir la disparidad de clases.

Si bien está inspirado en un acontecimiento de la vida real, es un producto que va dirigido a las masas y que pudo ser abordado desde una perspectiva un poco más reflexiva, en la cual el ciudadano que se dispone a ver el audiovisual logre avizorar el conflicto moral, ético y judicial que se presenta.

Sin embargo, esto no le resta mérito e igual es una pieza del séptimo arte que vale la pena apreciar para conocer un poco más de los acontecimientos que surgen en el mundo y cómo estos pueden desencadenar consecuencias totalmente negativas para los involucrados.

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