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Si hay algo que caracteriza el cine de Clint Eastwood es que la mayoría de sus largometrajes están inspirados en hechos reales y en personas que de una forma u otra han sido rutilantes dentro de la sociedad por sus aportes, acciones y logros, tal como sucede en Invictus, La Mula o Tren a París, por mencionar algunas de sus producciones audiovisuales.

 “El Caso de Richard Jewell”,  su más reciente proyecto cinematográfico, no queda exento de esas singularidades del director, que están basadas principalmente en exaltar los valores éticos, en mostrar a individuos que parecen tener como antagónico al mundo, y en esos detalles estéticos como lo son la iluminación realista, colores apagados, los planos en exteriores o un guion impecable que te invita a la cavilación.

Se trata de una historia bastante atractiva, porque esboza todas las penurias que atravesó, Richard Allensworth Jewell, un hombre de Virginia, que trabajaba como conserje y seguridad en la década de los 60’s, y  el cual se catapulto a la fama en julio del año 1996, luego de trabajar como guardia de seguridad dentro de los Juegos Olímpicos.

Dado a que notificó que había un bolso con un explosivo debajo de un asiento en el Centennial Park, un espacio en el que se efectuaban una serie de actividades musicales, paralelas a las deportivas. Esto ayudó a que se pudiesen salvar la mayoría de los asistentes, pese a que hubo más de 100 heridos y al menos 2 muertos.

Vale la pena destacar, que esta hazaña se pudo haber convertido en el mejor acto de heroísmo de Jewell, pero desafortunadamente su momento de gloria solo duró tres días, luego empezó a ser investigado por el FBI y a ser objeto de críticas infundadas de parte de la prensa estadounidense, siendo él inocente.

De acuerdo a lo que arrojan algunos documentos del caso, la víctima notificó lo de la mochila justo 9 minutos antes de que la persona que colocó el artefacto explosivo hiciera una llamada con la respectiva amenaza. Esto coadyuvó a que pudiesen establecer un perímetro de seguridad en un lapso muy corto, y que fuese menor la cantidad de fallecidos.

No obstante, igual el The Atlanta Journal-Constitution reseñó que él podía ser un posible terrorista, porque tenía rasgos de una persona sociópata. Es decir, en sus antiguos trabajos nunca fue muy social, solía ser impulsivo y tenía desprecio ante determinadas conductas.

Esa publicación de prensa hizo que su vida  se volviera un cataclismo y ocasionó que él, su madre y sus amigos, fuesen vigilados constantemente y fustigados.

Además, tuvo que someterse a varios análisis dentro de su casa y al escarnio público, porque los medios de comunicación solo reforzaban un perfil de criminal que él no tenía.

Fue una lucha ardua y longeva. Un año después se le retiraron sus acusaciones tras no hallar ninguna prueba que lo involucrara en el caso. Y más tarde en 2005, 9 años después, el verdadero autor del ataque, Eric Rudolph, declaró que había sido el culpable y que había gestado otros atentados a un local nocturno y una clínica.

El rol de la prensa vs el héroe

Los medios de comunicación al tener un gran alcance dentro de las masas pueden generar una influencia dentro de la sociedad. Por eso, su mal uso puede contribuir a forjar opiniones irreversibles e infundadas, generar cicatrices emocionales, socavar los  valores, y promover algo que no es real.

Tal y como ocurrió con Richard Jewell, que una buena parte de su vida se convirtió en una pesadilla, porque se empezaron a decir cosas peyorativas de él en el periódico, la televisión y la radio, sin tener pruebas reales sobre el presunto delito que estaba cometiendo.

Es un caso de gran interés, porque el abogado que estaba a cargo del caso (Watson Bryant) tuvo que contar con un gran equipo de abogados, para poder hacer derecho a réplica a esos medios que mancillaron la imagen de Jewell y comprobar su inocencia.

Un largometraje sin pérdida

Más que una cátedra para los periodistas, “El caso de Richard Jewell” es un reflejo de cómo está corrompida la sociedad y la manera en que se usan determinadas instituciones para perjudicar a individuos inocentes.

Algo maravilloso que tiene, es que es una trama amena, muy fiel a los acontecimientos reales y los actores se asemejan muchísimo a los verdaderos implicados en el caso. Además, cuida mucho lo detalles del guion y esboza perfectamente cómo en un santiamén se puede pasar de héroe a villano.

Fue un texto desarrollado por Billy Ray, y muestra lo más bello del ser humano en medio de las tragedias,  porque saca a la luz esos entresijos que forman parte de la semblanza del personaje y lo hacen maravilloso.

Sin duda alguna, es una obra maestra que convida a las personas a no tomarse la licencia de acusar a alguien sin pruebas, y mucho menos, hacer público el caso.

Como decía David Felipe Arranz “las noticias son un material complejo y resbaladizo, y aunque el periodista no es objetivo, sí deberían serlo sus métodos”.

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