No te importó la lluvia, no te importó el frío ni el cansancio, allí estabas, te presentaste en una mañana gris de escaso cielo azul, pero con honestas intenciones; tú solo querías ir a mi encuentro, confrontarme, encararme, fundirme con tu mirada, encontrar respuestas en mis pupilas pero en ese espejo solo vislumbraste un gran vacío y contra un muro invisible chocaste.
Tu aguerrido espíritu se levantó del suelo, tomando fuerzas que se alimentaron de la rabia que genera el dínamo de la injusticia. Me mirabas con expresiones que formulaban acertijos y yo por un instante indefenso me sentí ante ese nuevo rostro que no conocía, aquel que demandaba explicaciones pero al mismo tiempo exhibía una rara belleza, de la que penetra la piel y se apodera de los sentidos, más unos ojos que anulaban mis excusas. ¿Nueva arma?
Tu instinto es sabio, tu instinto lo alcanza todo, tu instinto poderosa arma es, tanto que te percataste de mi vulnerabilidad. Te acercaste peligrosamente a mí, tu presencia hizo añicos mi armadura y aprovechaste para poner tus manos sobre mis hombros y tus casi desnudos senos contra mi rígido pecho. Sentía la humedad porque estabas empapada, pero tan caliente que producías un dulce vapor con el que me sofocabas.
No tenías que hablar, solo hacer expresiones con tu rostro y eso bastaba para atormentar mi alma. Me creía impenetrable, pensé que mi sistema de defensa me protegería de tus encantos, creí que había claridad en mi mente, pero en ese instante me di cuenta de una verdad del tamaño del infinito: Todavía te quiero, todavía habitas en mi corazón y ahora el que busca fuerzas soy yo, porque me enfrento al terrible e inevitable momento de estar de pie en una encrucijada… quizá, si nos besamos, pueda entonces tener una respuesta y saber cuál camino tomar…
Modelo: Estefany Rosales @stefirosales
Fotógrafo: Santiago Rodríguez Almenara @srodalmenara