El 1 de septiembre imperó el civismo

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Mónica Herrero - Guasacaca

Me levanto temprano en la mañana del jueves 1 de septiembre, y lo primero que veo es una foto del paso del túnel de La Cabrera completamente trancado, y mucha gente caminando por la calle para llegar a la Toma de Caracas.

Disfruté de una larga caminata desde uno de los puntos de salida y llegué hasta dos puntos de llegada. Vi gente maravillosa, vi gente molesta, vi gente que drenaba penas, pero todos íbamos en la misma sintonía, todos íbamos con un fin: demostrar que somos mayoría y que buscamos una salida pacífica a un régimen que busca, a leguas, una salida sangrienta, violenta y catastrófica.

La marcha fue un triunfo rotundo: no hubo una bala, no hubo heridos, no hubo amenazas de los colectivos en sus alrededores. Yo misma vi cómo la GN y las ballenas se retiraron de la autopista Francisco Fajardo (cerca de la salida nueva hacia Las Mercedes) alrededor de la 1 de la tarde, y esto es una lectura completamente nueva para lo que el régimen nos ha acostumbrado en las distintas manifestaciones. La sociedad civil no tiró una piedra, no buscó confrontaciones con la GN en el transcurso del horario establecido para dicha manifestación, desde las 8 de la mañana hasta las 2 de la tarde (exceptuando dos lugares puntuales en la mañana: KM 8 de La Panamericana y la Av. Libertador).

El régimen, en su desesperación, está promoviendo el miedo arrestando a varios dirigentes políticos, la mayoría pertenecientes a Voluntad Popular, con una saña tan dura que muchas veces me recuerda a la persecución de los dirigentes de AD en la época del ex dictador Marcos Pérez Jiménez – salvando, lógicamente, algunas diferencias -.

Es verdad que el venezolano ha crecido bajo un ambiente donde reina la violencia y el hampa, pero hemos demostrado que no queremos, y nunca hemos querido, comulgar con esa violencia. Queremos una salida en la que no caigan más hermanos por balas, por perdigones; no queremos matarnos entre nosotros mismos, no queremos más familias y amistades de años que se deshacen y se separan por ideas políticas.

Me gustaría también hacerle un llamado a la MUD, como organización que agrupa a los partidos políticos de oposición. Es importante que entiendan que muchos de esos muchachos que se quedaron después de finalizar la marcha, y que algunos están detenidos, no son infiltrados y sí me parece un error llamarlos así, a menos que tengan pruebas de que verdaderamente lo son. Radicales siempre ha habido en ambos bandos: unos esperan una salida inmediata y otros son más conservadores. En vez de alejarlos u obviarlos – porque es lógico que no comulgan con ningún partido político – es necesario dirigirse a ellos y hacerles entender que el “plan de trabajo” y las acciones de calle de los partidos políticos, tienen una finalidad estudiada y premeditada.

Personalmente no comulgo con ningún partido político, no me caso con una sola manera de pensar, pero siempre apoyaré y haré lo necesario para salir de este cáncer que nos está matando, poco a poco, desde hace 17 años. Es necesario entender que no es fácil luchar contra un estado que tiene toda la fuerza económica, todas las instituciones públicas, todo el sector jurídico y electoral completamente secuestrados, y todas las armas para amedrentar y violentar los derechos de los que no comulgamos con su forma de (des)gobernar.

Debemos trabajar juntos, pero sabiendo que es imposible que pensemos y actuemos todos de la misma manera. Necesitamos más unidad con base en el respeto del que tenemos al lado. Somos un país increíble que el 1-S dio un ejemplo maravilloso de civismo, y desde los cuatro puntos cardinales, se vio a una sola Venezuela.

Rescatemos nuevamente lo bonito de ser venezolano, de ser hermanos, de ayudarnos, de entendernos y de respetarnos. Es la única manera que conocemos para reconstruir un país con bases sólidas en el que podamos crecer todos juntos en armonía y verdadera paz.

Por: Mónica Herrero
monica@crestametalica.com
@moniqueee1982 (Twitter)