Viajera del Río

Daniela Navas @danielanavasg con la colaboración de @juancasals8514

El violoncello es un instrumento con cualidades únicas. Es capaz de emitir timbres y colores de muy diferente carácter y posee una riqueza sonora extraordinaria. Puede llevar adelante bien sea una base armónica fundamental o una base rítmica de gran solidez. Puede centrarse en el registro bajo y medio pero también se sitúa en la zona aguda con gran protagonismo. Lo puede todo y más allá…!

Es un instrumento que aporta una textura sonora imprescindible a la orquesta que sirve por un lado para brindar calidez y densidad a la paleta orquestal y por otro ejerce un contrapunto melódico a otros instrumentos. No todos sus ejecutantes o violonchelistas saben aprovechar en un 100% el repertorio sonoro del violoncelo, pero hay quienes nacen con el don de conectar con él para extraerle sonidos y melodías que nunca nadie imaginó. Esta es la primera parte de una historia que cuenta el devenir de una joven que supo como fusionarse con su instrumento, como si ambos formaran parte de un todo.

Graciela era una joven muy alegre, demasiado alegre y llena de vida, donde llegaba se hacía sentir por su buen humor, siempre tenía una sonrisa en el rostro. De tez blanca, bajita, pero muy elegante, y con cabello entre castaño claro y rubio. Era muy informal, no le gustaban los protocolos y las formalidades innecesarias y eso chocaba a veces con el estilo de vida que había elegido: la música. Era violonchelista, aunque por su tamaño los padres le insistieron en que fuera violinista, pero desde que tenía 6 años quedó seducida por el sonido arrullador del violoncello.

También era muy recatada y con mucha Fe en Dios. Le encantaba tocar en conciertos junto a su orquesta, pero detestaba vestirse con traje de gala y menos aún, usar tacones. Cuando iba de fiesta con sus amigas, tampoco le gustaban los escotes y vestidos cortos. No toleraba la música de las rumbas y a menudo se sentaba donde nadie pudiera verla e imaginaba cómo podía mejorar esa “música” tan terrible, pero tocando su instrumento.
Graciela también tenía un don que Dios le dio y que Gerardo, su profesor, supo detectar: la enseñanza. Un día al terminar un concierto, cuando se había ida el público del teatro y los atrileros recogían el escenario, ella seguía sentada allí tocando, el personal técnico disfrutaba un popurrí de melodías de Bach mientras hacían su trabajo, era la única que quedaba. Ella no se daba cuenta, hasta que uno de los atrileros le dijo: “disculpe señorita… pero estamos esperando por usted, aunque disfrutamos su música”, ella salió del trance y se percató que estaba sola en tarima y que estaba usando el único atril y la única silla que faltaba. Se sintió apenada, tomó su instrumento, se marchó tan rápido como pudo y empezó a caminar tras bastidores.

Su profesor la esperaba y ella entró por la puerta del camerino, ella se sorprendió, porque él la miraba fijamente y con seriedad. Se quedó paralizada con esa mirada, de pie en la entrada de aquel cuarto, violoncello en su mano derecha. “Hola profe”, dijo con timidez y él respondió:

– Con qué caminando como una indigente nuevamente y haciendo esperar al personal, sabes, ellos tienen que comer e ir a sus casas, no pueden esperar a que a su majestad le dé la gana de marcharse.

– Profe disculpe, no quería perjudicar a nadie, disculpe si me tardé en retirarme, quería además estudiar un poco porque la acústica de este teatro es maravillosa.

El profesor la miró con severidad y luego su rostro cambió, soltando una carcajada:

– Te lo creíste jajajajajaja…. Tranquila, no estoy molesto, además a ellos les encanta trabajar con esas melodías tan hermosas que tú sabes producir y no te preocupes que todavía están más que a tiempo de llegar a sus casas. No hay retraso de ningún tipo. Yo te esperaba porque quería ofrecerte un trabajo.

– ¿Un trabajo profe? ¿cómo así? (tomó asiento para escuchar la oferta).

– Gracielita querida, eres muy buena enseñando, he visto la paciencia que le tienes a tus compañeros de fila, tanto a los más jovencitos, como a algunos de los veteranos que han perdido la motivación, la verdad es que tu fila suena muy bien en parte gracias a ti, si de mí dependiera, te nombraría jefe de fila.

– Gracias profe, muchas gracias… ¿de qué se trata el trabajo? Yo nunca he dado clases formalmente.

– Tranquila mi niña, es iniciación musical, es mostrarle a los niños de un orfelinato cómo suena tu instrumento, qué hace tu instrumento y cosas así. Tengo un convenio con la Conferencia Episcopal, es un orfelinato de salesianos, tratamos de llevar en días diferentes a varios profesores para que les toquen a los niños y les muestren las familias de instrumentos de la orquesta. He llevado cornistas, oboístas, fagotistas, flautistas y ahora quiero que vayas tú, porque ya yo estoy muy viejo, son 78 años y no aguanto la espalda.
– ¿Qué tengo que hacer? Explíqueme un poco, estoy un poco confundida.
– Tranquila, solo ve, siéntate, toca algunas melodías, prepara un repertorio infantil, popular y algo de Mozart o de Bach, melodías, solo melodías. Luego les explicas las partes del instrumento y para qué sirven. Uno de los sacerdotes estudio piano y violín en Italia, él estará contigo, él es un caza talentos, la idea es seleccionar a quienes veamos que tienen las mejores aptitudes para ir formando poco a poco una orquesta infantil del orfelinato.

– ¡Me parece excelente idea! Cuente conmigo, solo tengo dos preguntas… 1 ¿Habrá algún pago? 2. ¿Puedo ir vestida en forma deportiva?

– Jajajajajajaj Puedes ir deportiva, casual, tranquila y no, no hay pago, la recompensa de la dará Dios, es trabajo voluntario.

– Perfecto!!! Nada mejor que la recompensa de Dios. De haber algún pago igual lo iba a donar comprándoles cualquier cosa que ellos necesiten. Gracias Profe por la confianza, me ha hecho muy feliz (abrazó a su profesor).

– Ouch mi niña no me aprietes tanto jejejejej mi espalda es muy frágil, y ahora si vamos, porque ahora si se fue todo el mundo. Vente te doy la cola hasta tu casa, me queda en el camino.

Graciela llegó a su casa, saludó a su madre y a su padre. Se cambió de ropa, almorzó (el concierto había sido un domingo a las 11:00 am) y luego entró a su cuarto a tomar una siesta, para luego seguir estudiando.

Daniela Navas @danielanavasg con la colaboración de @juancasals8511

Cerca de las 06:00 pm su madre, quien se llamaba igual, Graciela, entró al cuarto de su hija para avisarle que la cena estaba lista y la encontró sentada tocando, mirando hacia la ventana, vestida informalmente como siempre y estaba con en una especie de trance. Su madre la llamaba y ella no respondía, tenía la mirada en el horizonte, y su mamá tuvo que tocar una pequeña campana de bronce que tenía en su mesa de noche para llamar la atención de su hija, quien finalmente volteó.

El cuarto de Graciela era un cuarto lleno de música por todas partes, partituras regadas, estuches, arcos recostados a la pared y muchos posters. Tenía uno de Rostropóvich al lado de uno de Yo-Yo Ma y de Pau Casals, pero al mismo tiempo también veneraba violoncelistas de las nuevas generaciones, porque arriba de su peinadora había uno de Gautier Capuçon y tras su computadora otro de la bellísima Camille Thomas.

Mientas cenaban, Graciela le contó a su madre sobre el trabajo que había conseguido y que comenzaría el martes próximo. Su madre se emocionó y le dio su visto bueno. Su padre también se alegró por la buena nueva, más aún que era un hombre muy devoto y espiritual. Lo único que le pidieron sus padres fue: “por favor hija no vayas a ir vestida como una pordiosera”.

Llegó el día martes y a regañadientas, obedeciendo a su madre, Graciela salió de casa con un vestido hasta las rodillas, muy colorido. Llevaba el violoncello en su mejor estuche, y el cabello recogido, cargaba hasta un poco de maquillaje. Su madre quería que fuera “bien presentada”.

La joven llegó a la iglesia que al mismo tiempo funcionaba como orfelinato por sus grandes instalaciones adjuntas, conoció al padre Carlos Santini, de quien su profesor le había hablado. Era un auténtico melómano y su oficina estaba decorada con su colección de discos, discos compactos y vinyles, había de todo un poco. Graciela enloqueció de emoción al ver tanta música original. Desde música sacra, pasando por el jazz, discos de rock (le gustaba Queen), Juan Vicente Torrealba, Los Melódicos y algunas Operas.

¡Gracieeeelaaaa! Dijo el padre Carlos con su potente voz de tenor para llamar su atención….

– Perdón Padre pero me encanta su colección, disculpe que no le preste atención. Tiene tremenda voz por cierto.
– La Opera me apasiona, pero me encanta tocar el piano y dirigir coros. Ahora tenemos el reto de formar una pequeña orquesta de iniciación con niños sin hogar, la música es esperanza y los nutre con energía positiva. La idea es que toques algo que ellos puedan tararear y luego les expliques un poco cómo es el violoncello, porque muchos de ellos nunca han visto uno en su vida.

Graciela salió al patio trasero de aquel lugar sacro, había cerca de 30 sillas dispuestas, para 30 niños, había una pequeña sobre-tarima dispuesta bajo un árbol para ella. Graciela subió, se sentó observó a todos esos niños de distintas razas y colores de piel, ellos la miraban fijamente porque era una joven muy hermosa y también porque varios de ellos nunca habían visto un violoncelo. Por un momento Graciela entró en pánico, se levantó y les dijo: “en un momento vengo”. Le preguntó al padre donde estaba el baño y caminó lo más rápido que pudo con un bolso que había llevado. A los 5 minutos salió en shorts, con el cabello suelto y una blusa cómoda y casual.

– Padre: ahora si los puedo atender y disculpe mi informalidad.

– Hija, lo importante es que te sientas cómoda, créeme que con esos terremotos que te esperan lo vas a necesitar. Algún día pediré permiso para quitarme la sotana y trabajar con ellos en ropa deportiva.

Graciela se presentó brevemente y causó una excelente impresión en aquellos niños y niñas que también lucían informales y desenfadados. Ahora se sentían más cercanos a ella. Graciela empezó a tocar algo de Bach y de Vivaldi, pero los niños empezaban a perder el interés luego de los primeros 10 minutos, así que empezó a tocar algunos valses venezolanos e intentó experimentar con joropos orientales, para cerrar con fragmentos de Juan Bautista Plaza e Inocente Carreño. Los niños quedaron embelesados, hasta los más tremendos estaban quietitos.

Vino la ronda de preguntas, presentada por el padre Carlos, quien primero pidió un aplauso. Luego los niños le preguntaban a Graciela:

– ¿Cómo se llama la parte más larga? Y qué es esa tablita que sobresale en la barriga del cello?

Ella con cariño respondía:

– La parte alargada se llama diapasón y desde atrás se le dice mástil o cuello. Y esa “tablita” que ves en la mitad del instrumento o “barriguita” como tú le dices es el puente.
– Los niños preguntaban: La punta de arriba que es como un caracol ¿cómo se llama profe? Donde se enrollan las cuerdas.

– La parte más alta, la punta, se llama voluta o caracol y donde se enrollan las cuerdas se llaman clavijas, cuando las giramos afinamos o desafinamos el cello.

– Una niña intervino: esa punta que llega al piso ¿también sirve para defenderse? Otros niños se reían y agregaron: “parece la punta de una lanza”.

– Graciela les explicó entre risas: no, eso se llama pica y sirve para apoyar el instrumento en el suelo sin que se mueva. No hace daño porque no es afilada, lleva una goma para que se adhiera mejor al suelo.

Con cada explicación Graciela recorría cada parte de su instrumento y a veces dejaba que los niños lo tocaran, siempre con una sonrisa en el rostro. Los niños estaban llenos de curiosidad y seguían preguntando.

– Pero el violoncelo no tiene trastes como las guitarras. ¿Se puede tocar de pie?

– Así es, el violoncelo no tiene trastes y sí, se puede tocar de pie, pero no es lo ideal, depende de qué tipo de música, pero es mejor tocarlo sentado. La mejor manera de tocar es sentados al borde de la silla para tener mayor libertad, y poder recorrer con más facilidad todo el instrumento, más aún si eres bajita como yo.

Graciela se levantó y comenzó a tocar unas melodías infantiles en punta de pie, también estiraba su cuello al máximo y eso, pese a que estaba vestida muy informalmente, la pose le otorgó mucha elegancia, tanto que los niños corearon: “ooooh” “Wow”.

– Fíjense que tocando de pie me cuesta llegar al inicio del diapasón, donde están las notas más agudas y debo estirar más los brazos. Pero para tocar otros estilos como el rock y el pop, si funciona bien, porque además puedes dar un buen show (comenzó a agitar su cabello y a mover la cabeza logrando que los niños la imitaran).

Sabía de lo que hablaba porque además de amar con todo su ser la música sinfónica, estaba convencida que podía tocar otros géneros musicales con el violoncelo. Le encantaba el trío de violoncelistas finlandeses Apocalyptica que tocaban rock, al igual que el dúo 2Cellos quienes interpretaban pop, rock y música de películas; también le fascinaba interpretar música tradicional venezolana con el violoncelo y admiraba los experimentos folclóricos de varios maestros violoncelistas. Uno de sus sueños era grabar, valses, merengues y joropo, inclusive haciendo contrapuntos con el cuatro. Le fascinaban las charangas cubanas y cómo le gustaría tocar en alguna orquesta de ese estilo latino.
Siguió viniendo con regularidad a dar clases, un día había llovido y en el patio habían algunos charcos y ella se ponía a bailar con los niños de todo un poco, joropo, flamenco, rock, polcas y quien sabe que más salpicando agua y moviendo sus cabezas sin control. Aquellos niños siempre ansiaban a que llegaran los días de clases de música para ver a Graciela.

Minutos antes de su quinta clase, el padre Carlos le dijo que ya era hora de ir seleccionando a los niños para la orquesta de iniciación. También le dijo que su forma de ser y su estilo de tocar tan informal, pero al mismo tiempo con tanta calidad, profesionalismo y colorido, le recordaba a la gran trompetista francesa Lucienne Renaudinvary que tocaba varios géneros, rompía paradigmas y reglas de formalidad establecida, siempre con el cabello suelto, descalza y muy informal hasta en los escenarios de gran prestigio de Europa. Llamaba la atención y hasta levantaba críticas por su imagen, pero cuando comenzaba a tocar todo el mundo callaba por la belleza de su música, era un ídolo mundial.

Graciela le dijo al padre:

– Wow Padre Carlos, eso es un gran halago, espero algún día tener esa fama para poder ayudar a tantos músicos que merecen oportunidades y que necesitan a alguien que les abra las puertas. Si algún día hago una gira y tengo un contrato discográfico le prometo que le haré una donación para que compre instrumentos a sus niños.

– Si sigues así, algún día lo serás, pero en vez de trompetista como Lucienne, violoncelista y venezolana, tienes un gran talento y además: eres mágica.

– ¿Cómo así padre? Explíqueme porque no entiendo.

– Verás, detrás de las sillas de los niños hay un jardín recién sembrado con varios tipos de flores y otras plantas. Se secaban, morían, no crecía, pero desde que tú estás dando clases mira cómo han crecido.

– Wow Padre, no creo que sea cierto, pero le propongo un trato, pronto tengo un recital muy importante y necesito un lugar callado donde pueda ensayar sola, sin que nadie me moleste, porque además, hay una pieza del repertorio que la dejan a libre escogencia y yo voy a tocar una obra de música tradicional venezolana, de un autor contemporáneo y no quiero que nadie me escuche.

– Trato hecho, pero… yo seré el único en escucharte. ¿Vale? Puedes ensayar el tiempo que quieras y verás pronto como florece ese jardín.

– Padre, antes irme quería hacerle una pregunta, porque usted además de ser cantante y pianista, sabe mucho de violoncelo. ¿Cuáles son sus conciertos favoritos?

– Si me pudiera decidir un concierto para violoncelo favorito, obviamente coincido con la opinión general al Concierto de Dvorak, quienes son capaces de tocarlo son superhéroes. Sin embargo, para mí, como obra maestra verdaderamente perfecta me encanta el primero de Saint-Saëns, el cual, inclusive hasta para Shostakovich era la obra ideal para violoncelo.

– Que buen gusto tiene padre, me encanta el de Saint-Saëns, es majestuoso, pero el de Dvorak si bien es super difícil y muy exigente, me parece muy trágico y oscuro.

– ¿De veras? Respeto tu opinión. Espero verte pronto, cuídate mucho, debo ir a preparar el sermón de la misa y planificar la próxima comida de los niños.

Graciela iba a la iglesia a ensayar 3 veces a la semana, durante 2 semanas, que era el tiempo que le quedaba para su recital-evaluación y pronto se percató que en realidad si le estaba dando mucho colorido al jardín. Se quedó sorprendida, muy sorprendida, se lo contaba a sus padres y no le podían creer hasta que les mostró una foto tomada con su celular. Un día mientras ensayaba frente a aquel jardín por un momento le pareció ver que las plantas se movían, cobraban vida y agarraban más color. “Me estoy volviendo loca?”… se preguntaba a sí misma.

Daniela Navas @danielanavasg con la colaboración de @juancasals8511

Luego llegó a casa para seguir estudiando. A veces tenía el hábito de llegar y crear una alfombra de partituras en el suelo, desordenadas, se paraba sobre ellas y las observaba, luego, instintivamente conectaba las notas de una con otra, no importaba si eran de compositores diferentes. Unía Chopin con Beethoven, Mozart con Rachmaninov, Liszt con Bach y así con muchos otros autores, creando experimentos sonoros muy interesantes aunque otros no tenían pies ni cabeza y los desechaba.

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A veces se quedaba sentada en el suelo, con la espalda apoyada en la pared, las piernas estiradas y abrazaba su cello; así podía esperar durante un largo rato a que le llegase la inspiración, porque sin darse cuenta, en el fondo, quería ser compositora. Tenía la valentía de intentarlo, le gustaba romper paradigmas, consciente e inconscientemente lo hacía.

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Dos días antes de su recital, Graciela recibió un ofrecimiento por parte del padre Carlos para tocar en un hospital y su audiencia serían concretamente niños con cáncer y leucemia. En un principio no quería aceptar, pero escuchando su voz interior, optó por hacerlo. Además, le había pedido a Dios en su momento de oración de las noches y le pidió una señal. Esa misma noche soñó que tocaba para un grupo de ángeles y llevaba un vestido blanco, y su violoncelo era blanco. Así que finalmente aceptó.

Con el corazón en la mano quería ir a aquello lugar. Sus padres la llevaron. Al llegar, recorrió varios pasillos con timidez hasta que entró a un pabellón del hospital donde había cerca de 15 niños, algunos sentados en un grupo de sillones, otros en silla de ruedas, algunos con vía intravenosa otros con oxigeno. Eso la entristeció y la desconcentró un poco. Pero el padre Carlos y su profesor, quien había decidido acompañarla, la calmaron. Además, antes de su presentación, el sacerdote leyó a aquellos niños pasajes de la biblia llenos de mensajes positivos, luego todos rezaron el Padre Nuestro y al terminar la oración les impartió la bendición. Eso la tranquilizó mucho.

Para esta cita si fue con un vestido amarillo y blanco, muy elegante, y por primera vez en mucho tiempo se sintió cómoda vestida de esa manera. Para esa oportunidad optó por interpretar temas de películas y de programas de televisión como La Pantera Rosa, Harry Potter, Piratas del Caribe o Superman, que los niños disfrutaron muchísimo. Finalizó con la Fuga con Pajarillo de Aldemaro Romero, logrando que aquellos niños la acompañaran con las palmas. El resultado: niños que tenían un aspecto triste y sombrío ahora lucían sonrientes y radiantes.

– El padre le dijo: sin duda la música es una gran medicina y puede hacer milagros.

– Su profesor le dijo: me quedé loco con tu Fuga con Pajarillo

– Graciela respondió asustada: profe sé que va a decir que estoy loca o que eso no se puede hacer…

– El profesor la interrumpió: ¿loca? Eres un genio. Había escuchado versiones en violín, en flauta o en piano, pero nadie se había atrevido a hacer algo así con el violoncelo, más aún que lo usaste un poco como para hacer percusión en algunos pasajes.

– ¡Qué bueno que le gusto profe! Y saltó a abrazarlo,

– Gracielita no me abraces tan duro que soy un anciano lleno achaques.

Graciela se fue a su casa llena de una gran dicha y satisfacción, tenían en su mente las sonrisas y las carcajadas de aquellos niños, donde había tristeza ella regaló alegría, estaba radiante y cuando entró a su casa sus padres casi no la reconocieron.

– Su papá le dijo: Hija ¿te ganaste la lotería? Tienes una sonrisa muy hermosa que no se te quita con nada.

– Papá recibí la mejor recompensa que puede haber: cambiar positivamente la vida de alguien que lo necesita, así sea por unos minutos, pero lo logré.

– La mamá le dijo: es primera vez que sales con vestido y calzado de gala y llegas igual, hasta con los zapatos puestos, luces como si acabaras de salir, tal y cómo estabas esta mañana.

– Bueno mamá disfruta en verme así los últimos minutos porque ya me voy a cambiar y a ponerme cómoda para ponerme a estudiar el repertorio del recital.

Llegó el gran día, el momento de su recital- evaluación, que le permitiría pasar de un grado a otro. Debía tocar ante un jurado conformado por 4 personas, entre ellas su querido profesor Gerardo. También estaba el primero de fila de su orquesta y otros dos profesores, a quienes temía por su purismo exacerbado.

Pero a lo que más temía era que se arriesgaría a tocar una obra contemporánea venezolana y una obra de su autoría, de la cual, no le había dicho a nadie; Graciela simplemente quería romper los moldes, ir a dónde nadie había ido, arriesgarse a hacer algo distinto y si por eso la reprobaban, pues reprobaría feliz, pero no quería ser una más del montón.

Tocaría primero extractos de las variaciones Rococó de Tchaikovsky, luego el primer movimiento del Concierto para violoncello y orquesta N 1 de Haydn y finalizando el programa obligatorio fijado por el jurado interpretaría la Sonata Op. 38 en Mi menor de Brahms y la Sonata Op. 65 de Chopin.

Luego vendría la parte de selección libre de la evaluación y Graciela, siguiendo su espíritu arriesgado y vanguardista, escogió la obra “Viajera del río”, compuesta por su primo que combina tonadas, pasajes y joropos venezolanos en forma arriesgada pero magistral y que dejaba espacios abiertos para la improvisación. Se llamaba así porque ella soñaba con montarse en una barca y recorrer el Orinoco mientras tocaba su violoncelo, quería escuchar como las sonoridades de su instrumento se combinaban con el sonido del río y de la salva circundante.

Supuestamente allí terminaría su ejecución, pero sin dar más explicaciones pensaba comenzar de improvisto su propia composición, la cual aún no tenía nombre, pero que tenía una dirección musical muy cinematográfica. Graciela quería probar que podía tocar con solvencia y precisión el repertorio universal de distintas etapas, pero que al mismo tiempo era abierta para las obras nuevas, amaba la cultura de su país y sobre todo: era capaz tanto de improvisar como de componer. Corría un gran riesgo, pero la recompensa también podía ser enorme, estaba tranquila porque se había encomendado a Dios, le entregó a Dios a la Virgen ese momento.

Para este compromiso tan importante si tuvo que ir con su vestido negro de gala para conciertos, era obligatorio. De esa manera tocó el repertorio de Haydn, Tchaikovsy Brahms y Chopin. Al terminar los miembros del jurado aplaudieron con la boca abierta, parecían estar muy, pero muy satisfechos. El padre Carlos había ido a darle apoyo moral y se sentó al fondo, detrás de sus padres y le hizo una reverencia, mientras su papá y mamá lloraban de emoción.

Vendría el momento de la verdad para el cual pidió permiso para tomar agua e ir un momento al baño. Se preparaba para el momento de la verdad, se iba a arriesgar como toda una guerrera y regresó al escenario para enfrentarse a quienes prefieren mantenerse dentro de los paradigmas y cánones establecidos. Sorprendió a todos con su cabello suelto, casi despeinado, caminando descalza y luego coloco sus zapatos de tacón a un lado del escenario, se sentó y les dijo:

– Disculpen pero necesitaba ponerme cómoda, ya estoy cómoda y ahora voy a ser yo misma”.

Daniela Navas @danielanavasg con la colaboración de @juancasals_8513
Daniela Navas @danielanavasg con la colaboración de @juancasals_8515

 

Graciela podía destruir con los pies todo lo que había construido con las manos o bien podría cubrirse de Gloria, se encomendó a Dios y comenzó a tocar.

Al terminar su ejecución hubo un silencio sepulcral, de ese tipo de silencios de pocos segundos pero que parecen una eternidad. “Estoy acabada” pensó Graciela en su interior, mientras los miembros del jurado se miraban los unos a los otros, su mamá se comía las uñas, su papá se mordía los labios y el padre Carlos tenía las palmas de las manos tocando su cabeza.

Decidió romper con aquella eternidad momentánea cuando se dirigió al jurado para preguntarles con sinceridad:

– ¿No van a decir nada? Si estoy aplazada por favor díganlo, pero expliquen por favor por qué.

Acto seguido, el jurado salió de su trance y comenzaron a aplaudir con pasión, hasta los más puristas gritaron: “bravo, bravo, bravo”. Gerardo su profesor le dijo “eres un genio”. Sus padres se abrazaban y el padre Carlos aplaudía como loco mientras dirigía su mirada al cielo.
Uno de los jueces más ortodoxos tomó la palabra y dio unas palabras:
– Respetada Graciela lo que acabas de hacer requiere de mucha valentía, nosotros somos muy estrictos con los contenidos educativos y nos gusta ser apegados a las reglas, generalmente somos estrictos, pero lo que acabas de hacer me hace pensar que hay esperanzas entre las nuevas generaciones de jóvenes músicos. Te arriesgaste, sabiendo las consecuencias, pero lo que hiciste fue magistral, mucho más de lo que podemos pedir y más aún hiciste algo que casi nadie se atreve a hacer hoy día: componer y dar la oportunidad a la música nueva, contemporánea, pero de gran calidad. Si mis compañeros están de acuerdo te otorgaremos la máxima calificación.

Los otros tres jueces, incluyendo el profesor Gerardo, gritaron: “estamos todos de acuerdo, bravo Graciela”.

La joven violonchelista comenzó a llorar de alegría, se abrazo con su papá y mamá, mientras el padre Carlos les otorgaba la bendición con su mano derecha. Luego el jurado pasó a felicitarla, uno por uno le reiteraron su aplomo y valentía, además de su creatividad y buen criterio para componer.

El padre Carlos se acercó al final y le dijo:

– Sabes que tengo un amigo que vive en Bolívar, tiene una lancha y suele pescar en el Orinoco. Puedo hablar con él para que te lleve a navegar aquel río mientras tocas tu violoncelo”.

– Padre ¿habla en serio?

– Si, muy en serio… con la condición de que le des un breve recital a los niños de las etnias indígenas que tenemos bajo nuestro cuidado en el estado Bolívar, luego te doy la dirección.

– Con todo el gusto padre, así será.

– Dios te bendiga, sigue haciendo buena música.

Fin de la primera parte… continuará.

Texto: Roberto Palmitesta @rpalmitesta
Modelo y fotos: Daniela Navas @danielanavasg con la colaboración de @juancasals_85

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Roberto Palmitesta
@rpalmitesta | Subdirector y Editor de Cresta Metalica Producciones. Licenciado en Comunicación Social, TSU en Turismo, Jefe de prensa con más de 20 años de experiencia, en empresas e instituciones de gran prestigio como el Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela, Conservatorio de Música Simón Bolívar, Profit Producciones, Melomaniac Producciones y Conciertos Metal, así como con artistas de gran prestigio. Locutor y productor radial; manager de bandas y artistas. Productor de conciertos y eventos culturales nacionales e internacionales. Redactor en distintos medios de comunicación digitales e impresos. Experiencia como Jefe de Prensa del Sistema Nacional de Orquestas y Coros Juveniles e Infantiles de Venezuela y del Conservatorio de Música Simón Bolívar (2010-2017); asesor comunicacional del maestro José Antonio Abreu (2010 – 2013); actual asesor comunicacional de dicha institución. Jefe de Prensa de Profit Producciones en diversos eventos celebrados en El Poliedro de Caracas, Forum de Valencia, Terraza del CCCT, Concha Acústica de Bello Monte, Estacionamiento del Poliedro, etc. (2005 – 2010). Jefe de prensa de artistas como Eddy Marcano, Pacho Flores, Ensamble 7/4, Giancarlo Castro, Tarcisio Barreto, Ceballos, Prisca Dávila, Goyo Reyna, Los Sinvergüenzas, entren muchos otros.
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