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(At Eternity’s Gate)

Willem Dafoe ha tenido unos últimos años muy productivos, lo hemos visto en películas estelares de Netlfix, también en uno de los roles estelares de la taquillera Aquaman y además está a las puertas de ganar su primer Oscar como actor principal por darle vida al pintor holandés Vincent Van Gogh en la cinta ‘Van Gogh, a las puertas de la eternidad’. Esta es su cuarta nominación y en esta ocasión, el intérprete estadounidense, de 63 años es el más experimentado de los cinco candidatos, tras casi cuarenta años de carrera en el mundo del cine. Recuerdo su primera nominación en los años 80, cuando se mostraba como una joven promesa dando vida al sargento Elias en Platoon de Oliver Stone, basada en la guerra de Vietnam.

El filme dirigido por Julian Schnabel (quien curiosamente también es artista plástico) es sobrio, con una narrativa más de acciones que de palabras porque muestra cómo fue el proceso creativo de uno de los grandes pintores de todos los tiempos. Willem Dafoe no solo se mete en la piel de Van Gogh, también se sumerge en su psique, algo nada sencillo dada la complejidad del conflicto interno que vivió el pintor. Para el actor no fue nada sencillo porque ¿Cómo recrear los pasos de la vida de un artista que es un mito? ¡Nada sencillo! Y Dafoe sin duda tuvo leer e investigar mucho, también aprendió a pintar y se familiarizó con los escenarios reales que fueron usados para rodar muchas escenas.

Van Gogh

Schnabel, con mucho ingenio y apoyándose en la sólida actuación de Dafoe, optó en vez de hacer una película netamente biográfica de Van Gogh, más bien quiso mostrar lo que para él significa ser artista y de allí el valor que tiene esta obra cinematográfica. Claro que hay muchas referencias biográficas y se muestran acontecimientos históricos trascendentales, como cuando conoció a Gauguin, pero se centra en el proceso creativo del genio holandés y todos los elementos que lo influyeron, tanto positiva, como negativamente.

Director y actor tenían además otro reto, porque esta no es la primera película sobre el mítico pintor de los cuervos, los girasoles y las noches de estrellas, con retratos famosos; anteriormente Vicent Van Gogh tuvo muchas caras famosas en el cine, como la del filme Sed de vivir, protagonizado nada menos que por Kirk Douglas y dirigido por Vincente Minelli, o la versión de Robert Altman y Maurice Pialat. En esta oportunidad, Dafoe tiene la ventaja de tener cierta similitud física que se acrecienta con el maravilloso trabajo de maquillaje y vestuario.

Van Gogh

Dafoe hace un trabajo muy expresivo, inclusive, creo que su lenguaje corporal es lo que más le otorga el valor a su extraordinaria actuación. Insisto en que no es fácil revivir a un mito de la pintura y del arte en general. Era todo un personaje que se ganó varios sobrenombres, por ejemplo en Arles, Francia, en donde pinto muchos de sus óleos, lo llamaban “el loco de pelo rojo”, y no en vano. En otros países lo llamaban de otras maneras, porque su leyenda de artista sufriente que caminó en línea recta por la línea que divide la locura con la genialidad, que dejó como legado innumerables obras maestras, fue bien muy bien ganada.

El manejo de la luz en este filme y una banda sonora minimalista también juegan un rol protagónico, ayudando a describir diversos escenarios, naturales y urbanos, y en diferentes épocas del año. Pero la iluminación también fue usada para subrayar tantos los momentos más oscuros, como los más positivos del pintor.

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