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Marijo Valkiria

Ella abrió los ojos y lo primero que vio fue una sábana vieja y con olor a humedad, le costaba abrirlos y cuando lo logró veía borroso y estaba desorientada. Yacía boca abajo sobre un colchón viejo y gastado, gris tenue, semi-cubierto por dicha sábana azul claro que más bien parecía un trapo. Se incorporó como si tratara de hacer una flexión, volvió a caer y lo intento de nuevo hasta quedar sentada, pasó el mareo y se dio cuenta que estaba en una casa de playa en ruinas, le llamó la atención el sonido de las olas del mar y la brisa fresca que entraba le brindó alivio.

Se dio cuenta que solo tenía puesta la ropa interior inferior, una pantie roja, tenía los senos al descubierto, descalza y con las piernas y brazos sucios por algo que parecía tierra. Se llevó los brazos a la nariz, olfateó y se dio cuenta que no era barro, era… sangre. Examinó su cabello largo rojizo y desordenado, tenía mechones pegados al cuero cabelludo por costras de sangre y al palparse y tratar de despegarlo sintió un dolor muy fuerte, sin duda se había golpeado la cabeza.

Marijo Valkiria

No se atrevía a levantarse por temor a caerse porque se sentía débil y la cabeza le palpitaba. Estaba haciendo frío y finalmente se levantó, se tapó con sus manos cada uno de sus pequeños pero bien formados senos y caminó hacia lo que antiguamente fue un ventanal, pudo ver el mar y una larga extensión de arena, como de 200 mts de la casa a la orilla de la playa. No tenía idea de donde estaba, pero el contemplar el paisaje y respirar aquella brisa marina le hizo bien. Miró hacia a atrás y vio un pipote grande y metálico en las ruinas de lo que una vez fue un baño, caminó hacia él con la ilusión de que contuviera agua, pero… un dolor agudo la detuvo, miro hacia abajo y se dio cuenta que sangraba por un tobillo, tenía una cortada un poco profunda, la sangre oscura que manaba competía con el color negro del esmalte que cubría las uñas de sus pies. Empezó a dejar huellas en el piso.

Entró al baño y si… en el recipiente había agua…de mal aspecto, pero eso no le impidió el tratar de lavarse la cabeza y pudo sentir que tenía dos heridas, pero ya no sangraban, aunque le dolían demasiado. Trató de desenredar un poco su larga cabellera, se lavó la sangre de brazos y piernas, arrancó un pedazo de la sábana y se vendó el pie; dejó de sangrar, el agua le hizo bien, la despertó. Aun con los senos al aire y con un sabor a sangre en la boca comenzó a inspeccionar la casa y vio un pasillo desecho que llevaba a la entrada. Sintió como algo que parecía ceniza le caía al hombro, eran pedazos de conchas de pintura que caían del techo. El piso de madera chirriaba y menos mal  que miraba hacia abajo porque estuvo a punto de pisar varios pedazos de vidrio de botellas de cerveza, así como algunos clavos que sobresalían de la madera castigada por el tiempo.

Marijo Valkiria

Siguió caminando torpemente, se balanceaba, trató de apoyarse en una pared y se le vino abajo, cayó al suelo, se raspó un hombro, la mejilla izquierda y también justo en el medio de ambos senos, menos mal que fue superficial. Se levantó y comenzó a hacer ejercicios de respiración de los que enseñan en el yoga; no recordaba quién era ni donde estaba, pero supo que sabía ejercicios de yoga para contrarrestar dolor y conseguir la calma. Tras inhalar y botar aire unas 15 veces comenzó a recordar episodios, se le fue el mareo, se sentía estable, comenzó a caminar mejor y rumbo a la puerta de la entrada. A escasos pasos de dicha puerta había una franelilla blanca en el suelo, por el tamaño parecía que era de ella, se la puso y sintió alivio, sus pezones puntiagudos por frío se marcaban notablemente en la tela que olía entre perfume, sudor, alcohol y cigarrillo. Había un espejo roto guindando en una columna, recorrió con los ojos sus 1,62 mts de estatura y se dio cuenta que pese a los golpes era una mujer delgada y atractiva, se quedó frente al espejo un minuto más y comenzó a recordar un poco quién era, imágenes como flashes venían a su mente pero eso hacía que le doliera aún más la cabeza.

“Tengo que terminar de salir de aquí”…se dijo a sí misma. Justo en la entrada estaban unas botas de cuero, una cartera y unos shorts de bluyín. Salió de la casa y enseguida vio a un hombre moreno y bien corpulento, como de 1,90 de estatura, acostado boca abajo en el suelo, sobre un charco de sangre, se agachó y lo volteó… a simple vista constató que le habían cortado el cuello con un objeto muy afilado. Se levantó aterrada, pero luego de sentarse de golpe en el suelo, sobre la arena, abrió la cartera y allí estaban sus documentos, se llamaba Natalie. Prendió el teléfono celular que había dentro y luego comenzó a revisar la galería de fotos que tenía. Algunas cosas volvían a su memoria, o casi todo, entre la galería había fotos de ella besando y abrazando al hombre que yacía muerto y que ya las moscas comenzaban a examinar.

Dentro de su cartera tenía dos dagas muy, pero muy afiladas, tanto que se cortó un poco la punto de dos dedos, abriendo en cada uno heridas superficiales pero incomodas. Se los vendó con un pañuelo que había dentro. Comenzó a escuchar audios que tenía en su chat y las cosas comenzaron a aclararse. Las escenas venían a su mente, escenas románticas dentro de esa casa con el hombre que ahora era un cadáver, también había mucha ternura, de esa que expresan los novios que se enamoran como adolescentes.

Particularmente había un grupo de audios en un chat con alguien llamado Zeus. Una voz masculina le decía que a quién ella tenía como pareja era su próximo blanco y que debía asesinarlo pronto porque la iban a descubrir, pero… ¿descubrir qué? Luego escuchó un audio que ella mandó a Zeus de respuesta, en el que decía: “imposible, no puede ser el hombre que estamos buscando, él no es ese tipo de personas”. El tercer audio era Zeus respondiendo: “él te usó, se hizo pasar por el novio perfecto para llegar a nosotros, es un espía, es el agente que buscamos y que CONTROL nos mandó a eliminar”. No había más audios, solo un texto de ella que decía “procederé según lo acordado” y ya no había más nada.

Le quedaba muy poca batería y la aprovechó para llamar a Zeus…él atendió y le dijo: “estas viva, tenemos horas sin saber de ti, pensamos que habías muerto, ¿dónde estás?” y ella respondió “no lo sé, en algún lugar de la costa de no sé dónde más adelante veo una carretera, pero no sé dónde estoy”. Zeus le aclaró: “estas en algún lugar de la isla de Margarita”… Natalie iba a pedir ayuda para salir de allí, pero el teléfono se apagó…murió la batería.

Con cara de angustia se colocó las botas, pero sintió un objeto largo en su bota izquierda, la prisa no le permitió quitársela de nuevo para buscar que era. También se colocó los shorts y comenzó a caminar hacia la carretera. Pasó cerca de 20 min caminando esperando a que pasara algún vehículo. El intenso sol, más su dolor de cabeza la empezaron a marear y el sudor la incomodaba, además, cada gota de sudor hacia que le ardieran las heridas de la cabeza. Finalmente divisó una camioneta azul pick-up años 80 que venía a la distancia, se le atravesó y empezó a agitar los brazos. El vehículo se detuvo de un frenazo.

“Señorita ¿está usted loca?”, gritó el chofer y ella respondió con sonrisa perversa: “hola guapo, loca estoy por salir de aquí, ¿me puedes dar la cola?”. El sujeto un hombre de unos cincuenta y tantos años, de bigote canoso, vestía una franela azul y bluyín gastado, le respondió: “claro mami, entra, súbete”… la miraba con sadismo. Una vez dentro de la camioneta, en el asiento del copiloto, el hombre le dijo: “es un viaje largo, ¿cómo piensas pagarme?”, ella respondió en tono curioso: “¿cuán largo?”…. él la miro con asombro y dijo… “Cosa rica estamos en la península de Macanao, al otro lado de la isla, yo voy a Porlamar y es como hora y media”.

Ella noto que él no hacía otra cosa que mirar sus pechos puntiagudos que marcaban con firmeza la franela. Estaba más que entrenada para lidiar con ese tipo de sujetos, metió la mano en la cartera y agarró una de las dagas por el mango, pero no sacó la mano de la cartera. Lo miró y le dijo: “no tengo mucho dinero, el hombre con quien andaba anoche no me pagó, pero a ti te puedo pagar con ellas”, y acto seguido se levantó la franelilla con su mano izquierda y mostró uno de sus senos. El hombre quedó desconcertado, el pobre no sabía que iba a convertirse en víctima. En menos de un segundo sacó su mano derecha del bolso y de un solo empujón le clavó la daga en el cuello, la sacó y la clavo unas 5 veces en 3 segundos. Abrió la puerta del conductor, lo lanzó a un matorral al lado de la carretera y comenzó a manejar. Diez minutos después se dio cuenta que había un teléfono móvil en el carro. Frenó y llamó a Zeus…no sabe cómo, pero se sabía su número de memoria. Obviamente aún no recordaba todo.

Le explicó lo que había vivido desde que despertó y Zeus le dijo: “Ok, entiendo, pero ¿tienes la tarjeta SIM que necesitamos? Además de matarlo debías recuperar esa memoria”. Ella vació su cartera pero no había nada parecido. Tomó el teléfono y dijo: “voy a volver a la casa”, pero Zeus le replicó: “no lo hagas es muy arriesgado, puedes encontrar a las autoridades en el lugar o alguien puede verte”, ella trancó la llamada y haciendo caso omiso, encendió la camioneta y dando una vuelta en U que dejo marcados los cauchos en el asfalto regresó a toda velocidad. Llegó a la casa, el cuerpo de aquel hombre con quien estuvo involucrada sentimentalmenteestaba en el mismo lugar, algo andaba mal y al entrar había varios agentes de policía escondidos esperándola. La rodearon y apuntaron, eran seis más un líder.

Ella levantó las manos, dejó que se acercaran, se estaba preparando, el que estuvo más cerca se distrajo mirando sus senos ajustados en la franela, aprovechó la distracción y le rompió la nariz de un puñetazo, al próximo le propinó una patada en los testículos y le quitó el arma, con ella le disparó en la pierna a otro de los agentes, era demasiado rápida, pero el líder del grupo sabía a quién se enfrentaba y también gran con velocidad la golpeó en la cabeza con un rolo de metal. Cayó al suelo se incorporó pero torpemente. “Sujétenla”, acto seguido dos agentes la tomaron por cada brazo. Ella iba a presentar batalla, pero el líder tomó un teaser y le dio una fuerte descarga eléctrica que la hizo quedar inconsciente.

Despertó adolorida y desorientada sobre su propio vómito en una celda fría y oscura…estaba esposada pero con las manos hacia el frente. La puerta de metal oxidado se abrió haciendo un ruido estrepitoso. Ella se levantó y de inmediato dos oficiales la tomaron por los brazos y la obligaron a salir para llevarla a una sala de interrogatorio. La sentaron y colocaron cadenas en cada uno de sus tobillos, le habían quitado las botas. Las esposas las unieron a otra cadena que estaba anclada al centro de la mesa con pintura desconchada. Luego entró el mismo hombre que la había detenido en la casa de la playa, era un hombre trigueño de unos 55 años y pelo canoso, con muchas líneas de expresión en el rostro, vestido completamente de negro, pero era ropa de asalto.

  • “Hola Laura, ¿cómo está la cabeza?, yo soy el agente especial Saúl Hernández Salazar”, le dijo con un acento extraño.
  • “Ese no es mi nombre, me llamo Natalie”, replicó ella con tono chocante.
  • “No te hagas la tonta, ambos sabemos que ese es solo tu nombre clave, pero tu nombre con el cual fuiste bautizada y registrada en Caracas es Laura y no me vengas con cuentos”.
  • “Como sabe usted que ese es mi nombre, yo no lo recuerdo, no sé nada”, le respondió ella en tono exigente pero con rostro de sorpresa.
  • Veras cariño, yo no soy venezolano, nací en La Florida, mi padre es puertorriqueño y mi mamá era cubana, pero entrené muchos años aquí en Venezuela. Trabajo para la DEA y los gringos me mandaron para acá, cuando se enteraron que una de las niñas de Zeus estaba activa en Venezuela”.
  • “Repito que no me llamo así, hay cosas que no recuerdo bien todavía”…se le salió un tono de malcriada.
  • “Después de la paliza que te dio Arturo no es para menos, tienes dos heridas muy feas en tu hermosa cabecita y una inflamación que requiere atención médica. Dime algo ¿cómo una nena como tú que a lo sumo pesará 55 kg y de baja estatura, pudo eliminar a un agente entrenado de 1,90 de estatura y 110 kg de peso?”
  • “¿Quién es ese Arturo?”
  • “Tu novio, el negro gigante que mataste cuando tu jefe y su organización se enteraron que él era un doble agente… no te hagas la que no sabe, tu recuerdas bien tu entrenamiento, sino, además de matar a un espía entrenado ¿cómo lograste herir y golpear a esos tres policías cuando trataron de atraparte?”.
  • “Algo recuerdo, recuerdo que hice el amor con él en aquella casa abandonada, pero no recuerdo haberlo matado… y sé que buscaba algo más…”, se puso las manos en la cabeza como un gesto de dolor.
  • “Una tarjeta SIM, por eso regresaste a la casa, se nota que no recuerdas bien las cosas, porque con tu entrenamiento, si lo hubieras seguido, no habrías regresado nunca, no habrías cometido un error tan estúpido y ahora mírate, estas aquí, una sicario élite presa en una cárcel en Guaraguo, edo. Nueva Esparta”.
  • “Pareces conocerme bien… así que ayúdame a recordar y dime quién soy yo”.
  • “Espero no sea una broma para ganar tiempo mi estimada Laura, te lo voy a resumir: trabajas para un conglomerado de mafiosos, una unión de gringos, rusos, irlandeses e italianos, quienes se aliaron para restarle poder y controlar a los cárteles de la droga latinoamericanos, más  que nada colombianos y mexicanos, que han recibido apoyo en otros países como Venezuela. Ese conglomerado llamado “EL Olimpo”, buscan y entrenan a jóvenes hermosas y delicadas como tú, de las cuales nadie sospecharía nada y ese es su principal arma. Las asesinas élite de tu clase son llamadas “Valkirias”.
  • “Pero eso no responde bien mi pregunta…es que… no se… recuerdos vienen y recuerdos van”.
  • “Yo no estoy aquí para hacer del papel de tu psicólogo, ni para responder a tus preguntas, no sé si estas actuando o si es verdad que no recuerdas muchas cosas, el tiempo corre y mis superiores quieren respuestas, igual el gobierno venezolano y hasta el gobernador de la isla no para de llamarme. Así que voy a estimular tú memoria, el agua helada ayuda mucho, te enviaré a que te den una ducha con manguera de agua bien fría a ver si eso te ayuda, de allí irás a la enfermería para que te inyecten analgésicos y antiinflamatorios”.
  • De aquí no me muevo hasta que respondas mis preguntas.
  • Laura, Laurita o Natalie si te hace sentir más cómoda, piensa en tu pequeña hija… (dijo con una sonrisa siniestra)
  • “¿Qué?… ¡no!”… vino a su mente una tormenta de recuerdos y si, recordó a su niña de año y medio…. “No te atrevas a tocarla o te asesinaré y te reviviré 10 veces para volver a matarte… ¿cómo sabes de ella?”

Ella trató de levantarse para lanzársele encima y matarlo, pero las cadenas de los tobillos lo impidieron, hacía tanta fuerza que sus tobillos comenzaron a sangrar. Igual con los brazos, hacía estremecer la mesa. Y es que como parte de su entrenamiento en artes marciales como el Aikido le enseñaron a sacar el mayor provecho de su fuerza. Igual impresionaba como una mujer tan menuda y hermosa tuviera tanta fuerza. Toda la musculatura de sus brazos estaba brotada y abajo los dedos de sus pies se contorsionaban y estremecían al tratar de levantarse. El guardia que estaba detrás de ella le piso el pie derecho con sus enormes botas. Ella chilló de dolor y volvió a sentarse, la piso tan duro que marcas de la suela quedaron estampadas en su pie y el esmalte negro se quebró en algunas de sus uñas.

La soltaron de la mesa y bajo fuerte custodia la comenzaron a trasladar, ella cojeaba y se tambaleaba por los golpes y el pisotón. Al salir de la sala de interrogatorio y llegar al pasillo un olor desagradable a vomito se hizo sentir, al parecer algún delincuente que había sido detenido se vomitó en el pasillo.

“Limpien eso!” gritó Saúl y al ver que tardaban le dijo a los guardias: “pónganle sus botas, no quiero que vaya a patinar en el vómito y se maree o vuelva a golpearse si se resbala”. Los guardias le calzaron las botas y se las dejaron flojas. El pasillo conducía a una escalera, justo antes de comenzar a bajar los escalones, dos mujeres policía hicieron relevo y la llevaron a un baño maloliente que quedaba un piso más abajo. Una vez allí las dos mujeres de aspecto siniestro y mal arregladas le ordenaron que se desnudara porque la iban a bañar con una manguera de presión.

Ella de manera muy astuta comenzó por quitarse las botas, porque… había recordado el objeto que tenía guardado en una de ellas, y en efecto, en un bolsillo oculto tenía un bisturí, lo tomó y lo ocultó como pudo con su antebrazo, se levantó y al voltearse estiró el brazo derecho y lanzó el instrumento quirúrgico con gran rapidez y con una puntería sorprendente se enterró en la garganta de una de las agentes. Su compañera cometió el error de ir a socorrerla, era inútil porque se estaba desangrando. Sin darse cuenta Natalie comenzó a estrangularla y terminó rompiéndole el cuello.

Se asomó en la ventana y se dio cuenta que al frente estaba el mar, separado del edificio por unos quince metros de arena y basura. “¡Qué sucede aquí!”, gritó un policía que abrió la puerta de aquel baño tas escuchar varios ruidos. Natalie no lo pensó y se lanzó por la ventana. Al caer, al parecer se rompió la pierna izquierda o se lastimó un ligamento, porque le era imposible caminar. Comenzó a arrastrarse entre la arena inmunda y la basura hasta que consiguió llegar al mar, se sumergió y… desapareció. Los policías llegaron tarde a la playa.

Con todo y la lesión en la pierna más el dolor en su cabeza logró nadar casi 5km hasta que llegó a un pequeño puerto. Allí subió a uno de los muelles por una escalera de madera con mucha dificultad, hasta que llegó arriba; empezó a gatear hasta que se escabulló en una lancha de lujo que estaba atracada en dicho muelle. Bajó al camarote buscando alguna medicina para el dolor y un radio o teléfono que le permitirá comunicarse con Zeus. Repentinamente volteó y tenía a un joven apuesto y bien vestido mirándola. Ella sonrió y le dijo:

“No es lo que piensas, no soy una ladrona es que me escapé de mi novio, me lancé de su yate porque me estaba golpeando y nadé hasta aquí, ¿tendrás alguna ropa que me prestes?… ¿puedo usar tu teléfono un momento?”, preguntó con astucia.

El joven la recorrió con su mirada, escudriño su tierno rostro, y detuvo sus ojos en sus pechos, que con la franelilla mojada, sus pezones marrones se transparentaron. Luego dijo “Claro…yo te puedo ayudar, tranquila”.

Natalie se quitó la franela y quedó desnuda frente al galán, luego le dijo: “tengo mucho frío”, ¿tendrás algo de ropa? Y… café o té…y algo de comer, y por favor disculpa el abuso, te lo voy a compensar”. Luego le guiñó el ojo derecho con una sonrisa de picardía.

“Tranquila, creo que tengo algo de ropa de mi hermana”…dijo el joven hipnotizado al ver a la extraña en topless que se había coleado en su embarcación.

Cuando el joven fue a examinar unas gavetas, ella volvió a tapar sus senos con sus manos, el día iba a terminar con una escena similar a la de la mañana. Ella sonrió porque tenía la situación controlada, había conseguido transporte, ropa, teléfono, agua y alimentos y quizá hasta armas, porque se fijó que al lado de una pequeña nevera, había un porta-cubiertos con varios cuchillos… y es que Natalie era de las que prefieren las armas punzo penetrantes a las armas de fuego.

“¿Lo mato o lo manipulo?… no sé, parece buena gente, no quisiera matarlo…pero ahora es un testigo de mi existencia…¿qué hago?”… Pensaba y se debatía en su mente. Nunca pensó que ese día, el hecho de no usar brasier le iba a traer tantos beneficios. Inmediatamente comenzó a estudiar su próxima jugada tomando en cuenta que no completó su misión, la DEA estaba en Margarita trabajando con las autoridades locales para encontrarla y ni hablar del problema con los carteles, pero lo más importante… aquel agente sabía que tenía una hija… tenía que estudiar muy bien cuál iba a ser su nuevo plan y actuar rápido, necesitaba urgente un teléfono.

Esta historia continuará…

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