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Estoy escuchando Vintage Caravan desde 2012 y debo admitir que aún sigo sorprendido por la calidad que tiene este power trío para emular el rock clásico de los 60 y 70, pero llevándolo al presente y proyectándolo hacia el futuro. Este 2018 mi asombro fue aún mayor cuando escuché su más reciente obra maestra “Gateway”, porque representa un paso hacia delante en la carrera de estos islandeses, y porque en él definen con mayor personalidad su sonido propio, que sigue siendo “vintage”, “old school” o como le quieran decir, pero entregándolo a las nuevas generaciones como un puente entre etapas, con el que transmiten un mensaje: “mira que genial era el rock antes…pero mira cómo nutriéndonos de él podemos hacer algo nuevo que suene genial”.

Rock psicodélico y envenenado a la Hendrix, con el carisma de Cream, el virtuosismo de Deep Purple y la ambición de Led Zeppelin, sumando segmentos progresivos con aires de Pink Floyd, más elementos del jazz fusión y un sonido más pesado, hasta metal en algunos momentos…¿Qué más se le puede pedir a estos tres jóvenes islandeses? El sello Nuclear Blast acertó al afirmar que el disco está conformado por “10 temas – 10 hits” o un “coctel de rock clásico”, que en mi humilde opinión es uno de los 10 mejores disco de rock de todo 2018.

Óskar Logi además de ser un gran guitarrista y un cantante fenomenal, es un compositor que se pierde de vista; supo entender bien que quisieron hacer las leyendas del rock, pero sin quedarse enganchado y sin limitarse a imitar, él es más ambicioso porque buscó su estilo propio basado en las enseñanzas de los grandes maestros. El bajista Alex Örn es un coloso, recuerda mucho a Geddy Lee y algunas estrellas del jazz, supo complementar muy bien el trabajo de la guitarra, además de que su sonido tiene mucho arrastre. El habilidoso baterista Stefán Ari es quizá el responsable de que Gateway suene más pesado y su música sea más rápida en ciertas canciones.

Gateways” es un viaje de 48 minutos comienza con una guitarra casi amenazadora que llora, antes de convertirse en la  pista de apertura homónima; sigue ‘Set Your Sights’ con mucho enganche y haciendo que te preguntes en qué década te encuentras. Continúa la groovy ‘The Way’ y cada segundo transcurre sin que te des cuenta por lo hipnótica que es, hasta  llegar al sencillo promocional, una bestia indomable llamada ‘Reflections’.

El oyente aterriza en ‘On The Run’, la banda sonora perfecta para un extenso e independiente “drive” o paseo en automóvil de techo abierto, en el horario de verano con su sencilla y ligera, pero enormemente pegadiza melodía. ‘All This Time’ toma una línea similar y culmina en un coro melancólico y un solo de guitarra conmovedor.

‘Hidden Streams’  es protagonizada por las líneas de guitarra y una batería muy inquietante. “Reset” sorprende con un enfático ataque de riff que se apodera instantáneamente del cerebro de todos y debería ser un elemento fijo de la futura lista de la banda en sus conciertos. ‘Nebula’, probablemente sea la pista más psicodélica del álbum, repleta de tonos de guitarra de ensueño, un bajo palpitante que termina en otro solo eruptivo. Con sus vibraciones a lo Ritchie Blackmore, ‘Farewell’ es un corte que se gana a los fanáticos y los invita a cantar, antes de la pseudo-balada ‘Tune [s] Out’, una pista bastante lenta pero cautivante.

 

 

 

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