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Calificación 7/10

Como muchos saben, “The Three Tremors” era el nombre provisional que eligieron Bruce Dickinson , Geoff Tate y Rob Halford en el 2000, para emular a “Los tres tenores”, pero desafortunadamente no llegó a concretarse. Pero justamente, quien también fuera vocalista de Judas Priest, Tim Ripper Owens (también con Yngwie Malmsteen, Iced Earth), desempolvó la idea y se la propuso a dos amigos y colegas: Harry “The Tyrant” Conklin (Jag Panzer) y Sean “The Hell Destroyer” Peck (Cage, Death Dealer).

Los tres cantantes no tienen nada que envidiarle a nadie, solo que inmerecidamente han pasado desapercibidos, y ojalá que este disco les dé el merecido reconocimiento, sobre todo a Peck y a Conklin, ya que The Ripper logró impulsarse durante su estadía con Judas Priest. Quienes disfrutan de voces hiper-agudas que vuelan por los aires y que además pueden ser super agresivas, van a encontrar eso y más en este disco.

Hicieron una buena labor repartiendo el trabajo vocal, porque se nota que hay un balance entre los tres colosos, ninguno llega a opacar al otro o tiene mayor participación. Además, explotaron bien su potencial, porque si bien cuando usan sus tonos agudos en lo más alto los tres suenan similares, cuando acuden a la parte grave de sus voces, son muy diferentes y eso le otorgó distintas sonoridades a cada canción. Contaron con los guitarristas Dave García y Casey Trask, el bajista Alex Pickard y el baterista  Sean Elg.

La dirección musical abordada se basa en el heavy metal clásico de los 80, especialmente influenciado por Judas Priest, aunque también por el trabajo de DIO, Saxon y hasta de Manowar, pero también hay momentos en que la música suena a las bandas de las que provienen Peck y Conklin y eso es magnífico, y quienes no conozcan a Jag Panzer y a Cage, recomiendo que busquen su discografía.

Los temas tienen fuerza y enganche, sin embargo, el punto débil del disco viene en la composición general de cada tema. Debieron cuidar más el trabajo compositivo, sobre todo por parte de guitarras, ya que puede llegar a ser repetitivo. Al principio quedas maravillado por el trabajo vocal que es de otro planeta, pero al final se siente la falta de apoyo instrumental y solidez rítmica.

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