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El venezolano, a nivel mundial, siempre se ha caracterizado por dos cosas: la primera de ellas es por la amabilidad, y la otra (lamentablemente) por la viveza criolla: un mal muy común en la idiosincrasia de los países latinoamericanos.

¿En qué consiste esa “viveza criolla”? Para el sociólogo Miguel Ángel Sarmiento: “es un mal patológico de orden social. Su estructura está fijada: saltarse la cerca, tomar atajos y pasar por encima del prójimo (…) Se trata de una cultura individualista, en la cual, cada quien hace sus cálculos de lo que le importa y de cómo puede sacar provecho a los demás o de los acontecimientos.

Ya lo decía el dramaturgo y gran cineasta venezolano José Ignacio Cabrujas: “los venezolanos han conquistado ese estado natural de tirarnos de vivos y que el prójimo resuelva”. No solo hay una evidente violación de las reglas sino que no existe ningún tipo de conciencia colectiva, es decir, casi todos, o la gran mayoría, celebran esa viveza abiertamente, y se presenta como un ejemplo a seguir. De allí que la persona que da los buenos días, la que sigue los parámetros para realizar correctamente su trabajo, al que se le da un presupuesto y lo destina totalmente al fin que dio origen a su solicitud; incluso el que no pisa el césped, al que respeta la luz del semáforo, al que sigue haciendo el bien aunque no lo estén viendo – entre otros miles de casos – es visto como un lento, un tonto, una persona no digna de seguir.Para el venezolano promedio no es correcta la persona adaptada a las reglas y que asuma responsabilidades. Ahora bien, ¿qué relación tiene esto con el título del artículo? Simple: lo que sucede hoy en Venezuela, si bien es ocasionada por la nefasta dirección de este narco régimen, persiste al día de hoy gracias a la viveza criolla de casi todos los venezolanos.

En una conversación cualquiera en un supermercado o panadería, puedes conseguir lo siguiente:

  • Nosotros no somos políticos, que resuelvan ellos, nosotros debemos seguir trabajando.
  • Que ineptos son los políticos de la oposición que no llaman a la calle… y cuando esos políticos de oposición llaman a la calle, esas mismas personas suelen decir “esas acciones ya no funcionan”.
  • Están también los que desde la comodidad de su silla y de su hogar critican todo lo que proponen los líderes estudiantiles y la oposición, pero ni una sola vez han salido a la calle a protestar.
  • Podemos conseguir a los más viejos que dicen: “ya yo pelee en el 2002, y en el 2014, que se caigan a coñazo los chamos.”
  • No faltan los que critican a los que se esforzaron por irse del país a hacer su vida. Prácticamente los vetan de poder dar una opinión sobre la situación de su país natal.

Así podemos ejemplificar una larga lista pero hay una línea común y es esta: que lo resuelva otro, si esta otra persona no hace nada, yo no tengo por qué hacer nada. Lamentablemente, este narco régimen no va a salir a punta de críticas ni con la sangre derramada de los jóvenes asesinados. Si los líderes opositores no hacen nada, todos se preguntan: ¿Quién asume el liderazgo? Pero esa no es la pregunta más importante… ¡Sorpresa! Ha llegado la hora de incomodarnos un poco y preguntarnos a nosotros mismos: ¿voy a seguir lineamientos de quién asume el liderazgo y manifieste la voz del pueblo? Y… ¿Voy a cumplir con la parte que me corresponde? ¿Saldré de mi zona de confort?

Desorden Público tiene una canción muy popular que dice “yo quisiera que los políticos fueran paralíticos.” Esa canción fue publicada en 1988 en su disco debut. Es de hacer notar que esta canción – en particular – refleja el gran mal de los venezolanos en cuanto al tema de la política: siempre esperamos al político “mesías” que nos salve de esta crisis por la cual atraviesa nuestro país.

Ya desde 1988, – y mucho antes – se evidenciaba que la actuación de los dirigentes políticos no siempre era la más acertada para el pueblo, y el venezolano, aún sabiendo eso, sigue ciegamente -bien sea por ignorancia o por flojera – las decisiones de los políticos de turno. Casi siempre es la misma temática: el dirigente político del partido “tal” dijo “equis” cosa (contraria a los intereses del pueblo), y el pueblo en su naturaleza se queja, y al final, siguen sus vidas independientemente de las consecuencias. Claro, no se puede quitar que en contadas ocasiones, cuando el pueblo ha tomado la batuta de la decisión política, se han logrado buenos resultados.

Por la misma viveza criolla del venezolano – la comodidad – y la idea del “político mesías”, es un concepto muy arraigado en la mente de muchos venezolanos, y la evidencian estas afirmaciones:

  • En 1993 perdió la presidencia de Venezuela, mediante una sentencia de la entonces Corte Suprema de Justicia (actual TSJ), Carlos Andrés Pérez. Nótese que el Sr. Carlos Andrés Pérez se adaptó a la ley y a la voz de pueblo venezolano al ser el único presidente en la historia de Venezuela destituido por una acción judicial.
  • En 1999 más de la mitad de los venezolanos eligieron como presidente a un militar que estuvo preso, y en su momento, cobró la vida de muchas personas en su intento fallido de golpe de estado.
  • En el 2013 asumió de manera ilegítima la presidencia de Venezuela un colombiano chofer de Metrobús quien, al día de hoy, sigue destruyendo el país.
  • Hoy en día muchos suplican o esperan que el piloto Oscar Pérez venga a salvarnos.
  • Es muy fácil decir: “es culpa de este líder opositor, o de este otro” pero por qué no te preguntas: ¿qué estoy haciendo yo para salir de este narco régimen?

El problema no es la política ni el gobierno de turno, el problema en Venezuela es de conciencia y de falta de valores: la viveza criolla, la comodidad, el “que lo haga otro”… es lo que nos tiene muy hundidos en la situación actual.

Lo que nos salvará en Venezuela es el cambio de conciencia, ese el punto vital. Por algo decía el fallecido actor Jorge Tuero, aludiendo al humor negro que caracterizaba el programa cómico Cheverísimo transmitido por Venevisión: “los gobiernos pasan y el hambre queda”. Este narco régimen va a pasar pero es difícil si aún la mayoría de los venezolanos no cambian de conciencia. Por eso varias personas afirman que la historia de Venezuela es cíclica. El venezolano tiene memoria corta, no por amnesia sino por flojera y comodidad.

¿Qué les parece si nos sentamos un momento, respiramos profundamente y analizamos que nuestro enemigo es todo este narco régimen y no la oposición? Y, ¿qué tal si vamos todos a luchar, no como un grupo de personas pensando igual? ¡No! Sino como un grupo de personas con distintos pensamientos e ideales, pero todos encaminados a un fin común: ¡La salida de este narco régimen y la recuperación de la democracia de Venezuela!

Por: Jomarly Iglecia
joma@crestametalica.com
@JomarlyIgleciaC

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