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Calificación 9/10

La agrupación alemana Nailed to Obscurity trae su nueva producción discográfica titulada Black Frost a través del sello Nuclear Blast y que sin dudas es su mejor trabajo editado hasta la fecha. A través de siete canciones la banda se pasea por el metal gótico, el doom metal, el death metal y hasta el rock progresivo más oscuro y enigmático, recordando con esta mezcla de estilos por un lado a bandas como Paradise Lost, Katatonia o My Dying Bride, pero con la diferencia de que la tendencia de estos germanos no es tan depresiva, tal como ellos mismos han declarado: “en nuestra música siempre hay una luz de esperanza”. Por otro lado, cuando pisan el acelerador, entran en terrenos del death metal melódico evocando influencias de Dark Tranquillity o At The Gates.

Black Frost es un disco oscuro, en donde el quinteto proveniente de Esens,  juega con sonoridades que reflejan una degradación de colores grises en la mente del oyente, pero que al mismo tiempo dejan entrar la luz, reflejando brillantes llamaradas, más que nada representadas en las melodías de guitarra. También es un álbum intenso a nivel de emociones; profundo tanto en su mensaje como en la complejidad de la música cargada de melancolía, porque lo puedes escuchar muchas veces y siempre encontrarás nuevos detalles, pero al mismo tiempo es accesible y cautivante, enganchando siempre a quien lo disfruta.

El trabajo de los guitarristas y fundadores de la banda, Jan-Ole Lamberti y Volker Dieken, es encomiable, porque es rico en detalles y cumple numerosas funciones: lleva magníficos riffs con un sonido pesado y oscuro, al mismo tiempo imponen cautivadoras melodías, ejecutan un trabajo solista muy minimalista, se encargan de las atmósferas con efectos que asemejan teclados y dejan numerosos detalles en segmentos que requiere varias escuchas para ser percibidos.

El sonido de la guitarra también genera mucha disonancia que encuentra un soporte ideal en la sección rítmica a cargo de Jann Hillrichs en la batería y Carsten Schorn en el bajo, quien además hace un trabajo con su cuerdas que cobra protagonismo en muchos segmentos, y siempre se agradece que el bajo como instrumento juegue un rol que vaya más allá de marcar ritmos.

El trabajo lírico es muy psicológico, melancólico y existencial, es por ello que la banda esta vez quiso conocer bien su mensaje para luego añadirle la música, garantizando así el mensaje perfecto; sin embargo, hace falta quien cante y transmita las emociones de cada canción, en este caso la banda encontró en Raimund Ennenga el intérprete perfecto, alternando de manera perfecta las voces limpias con las guturales.

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