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Rosana Sanchez

Había un dulce aroma a flores, el viento soplaba con gentileza, las nubes y el sol se combinaron para iluminar con luz ideal el escenario que finalmente estaba servido para que ella apareciera. Primero se escuchó la melodía que emanaba su violín, alternando con el canto de las aves y luego el viento se unió como otro integrante de una orquesta natural; reinaba la armonía, hasta que ella apareció, abriendo paso a su imponente y majestuosa presencia ante una exuberante vegetación.

Caminaba con ligereza mientras tocaba el violín con suaves movimientos; su andar era tan agraciado que sus pies apenas tocaban el suelo. Lucía un elegante vestido negro y su cabellera color miel brillaba con fulgor cuando el sol se reflejaba en ella, tanto que parecía polvo de estrellas congelado.

Rosana Sanchez

Terminó de caminar entre las plantes hasta que llegó a un banco, dejó de tocar momentáneamente mientras tomaba asiento. Se dio cuenta que muchas aves de varios colores la seguían, porque eran atraídas tanto por la melodía que tocaba, como por su belleza física. Luego, por petición de las aves comenzó a tocar de nuevo, esta vez sentada, sintiéndose cómplice de sus amigos del bosque.

Su sonrisa dibujaba estrellas, mientras chispas de sol brincaban de su cabellera. Seguía tocando inspirada por Dios y las notas musicales se fusionaban con los sonidos del bosque. De repente escuchó un sonido celestial allá arriba, en lo más alto del cielo, se levantó, sus pies tocaron el suelo y miro hacia arriba, su piel blanca relucía con la luz que la envolvía. Dio unos pasos hacia delante y se paró en punta de pies, con la mano derecha apuntaba con el arco hacia el cielo y su mano izquierda sostenía el violín hacía abajo, en esa posición se quedó como una estatua durante breves instantes opacando con su belleza a la selva de concreto que aparecía de fondo.

Rosana Sanchez

Una luz celestial la envolvía y todo se veía de color blanco. Después caminó hacia un claro de grama. Se acostó en el sueño, yacía de lado, con los ojos cerrados, y entre sus brazos cobijaba al instrumento. Se quedó inmóvil hasta que escuchó una fanfarria celestial, acto seguido y en la misma posición se convirtió en una estatua de mármol blanco. Nadie sabe que pasó y lo más extraño es que había una placa a su lado izquierdo con una inscripción que decía:

Su corazón es muy puro, su alma la más noble, su espíritu es indomable para hacer el bien y su música es creadora de vida. Solo aquel hombre que posea su misma pureza será digno de tenerla a su lado, con un beso podrá revivirla y llevarla por un camino de felicidad”.

Agradecimiento infinito a una de mis violinistas favoritas: Rosana Sánchez

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