Un poco de respeto por favor

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Eran tan linda, más linda que una estrella, sus ojos bellos…. Así cantaban los Fantasmas del Caribe. Este artículo estará lleno de ironía, y saco ese nombre a colación porque en el medio musical venezolano, más  que todo en la movida del rock, tristemente al parecer estamos rodeados de fantasmas, cuya última moda es que quieren ser periodistas…sin haber pasado por la universidad. Estoy 100% seguro que cuando rodaron las películas de la saga Los Piratas del Caribe vinieron a la escena venezolana a buscar los extras.

En Venezuela, a diferencia de otros países, todo el mundo puede hacer lo que quiera a nivel de oficios y profesiones. Cualquiera es plomero, cualquiera es taxista, cualquiera es maestro, cualquiera dice ser chef, cualquiera es electricista, cualquiera que va a un gimnasio dice que puede trabajar de seguridad, cualquiera dice que puede ser gerente de lo que sea y ahora, como tienen las redes sociales instaladas en los teléfonos, entonces cualquiera cree que puede ser community manager y peor aún, ahora cualquier cree que puede ser periodista. Pronto cualquier querrá ser médico y lo logrará (no estamos lejos de esa realidad).

Luego de esa introducción llena de ironía confieso que viene al caso porque en los últimos meses he visto una piratería desmedida en los servicios de producción y comunicación más que en cualquier otra época. Personas que no pueden organizar una fiesta de cumpleaños pretenden producir un concierto, personas que acaban de descargar Instagram ahora se ofrecen como administradores de redes sociales, personas que no saben redactar un párrafo quieren ser periodistas.

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Además tenemos “empresarios” que no le pagan a los artistas y a sus proveedores alegando mil excusas, “productores” que no saben lo que es un backline o “idratación” (si, así lo han escrito), “gerentes o coordinadores” que no entienden la importancia del rol que desempeñan los medios de comunicación, “abogados” que no saben cuánto vale una unidad tributaria, “managers” o como lo han escrito “manallers” que no se preocupan por ver los espacios donde se presentarán los artistas que supuestamente representan, “productores de radio” que nunca atienden su teléfono, “visionarios” que apuestan al talento más mediocre por complacer a sus amigos, “directores”  de emisoras de radio que a veces no saben si sus programas están al aire y un sinfín de irregularidades más.

“¡Tengo dinero! Que fino, entonces eso significa que puedo ser productor”… pues no, el tener dinero en una cuenta bancaria no faculta a nadie para ser productor, mucho menos comunicador. Si alguien tiene la intención de invertir y cuenta con las posibilidades económicas entonces haga las cosas de forma correcta: asesórese y contrate un equipo de especialistas, que es mejor que andar improvisando. Muchos de estos “mecenas” o “sponsors”, que supuestamente tienen plata, cuando quieren abaratar costos lo primero que hacen es recortar en los gastos lo que representa tener un comunicador, jefe de prensa y/o community manager, porque supuestamente “eso lo puedo hacer yo” (sigue creyendo).

¿Alguien entiende lo que implica formar una oficina de comunicaciones? ¿Lo complejo que es? ¿El recurso humano que ello implica? Porque últimamente muchos individuos que ni título universitario tienen se llenan la boca diciendo que tienen una oficina o departamento de comunicaciones. ¡Por favor! ¿A quién quieren engañar?

Un departamento de comunicaciones NO FUNCIONA sin la presencia de comunicadores sociales, publicistas, diseñadores y expertos en redes sociales (certificados), así como un consultorio odontológico no sirve sin los odontólogos calificados. Es como que alguien venga y diga: “voy a buscar a la partera del pueblo, a fulanita que no le tiene miedo a la sangre, a fulano que es un curandero y a misia que estudio enfermería y pretenda montar una clínica con ese personal”.

Señores piratas e impostores, bájense de esa nube, que tengan amigos en alguna que otra emisora, que tengan el amigo de un primo del cuñado que trabaje en un periódico y puedan llamarlos para pedirles una segunda, no significa que tienen un departamento de comunicaciones.

En otro país, sin ir muy lejos Colombia, para tener cualquier oficio necesitas un permiso y estar registrado, hay un orden o al menos la intención de buscar organizar los gremios. Recuerdo lo mucho que me sorprendió Cartagena, donde hasta los taxistas deben hacer cursos estudiando materias como historia o nociones del idioma inglés.

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Hace algunos años recuerdo que en Venezuela varios jefes de prensa se reunieron para homologar conocimientos, establecer tarifas y llegar a acuerdos que permitan una sana competencia. Todo quedó allí, pero ahora más que nunca sería interesante retomar la idea, agrupar al gremio y proponer al Colegio Nacional de Periodistas que tome cartas en el asunto, para que se busque una manera legal de registrar y regular el trabajo comunicacional, de esta manera a quien quiera que le cruce por la mente ser “comunicador”, “jefe de prensa” o tener una “oficina de medios”, deberá entonces cumplir con ciertos requisitos, comenzando por tener un certificado en él que se le exija un título en la carrera Comunicación Social o al menos TSU en Publicidad, más cursos, diplomados, especializaciones, revalidas, etc.

Dejen la flojera y vayan a estudiar, o no sean tacaños, inviertan en personal calificado si supuestamente son “productores”. Las licenciaturas no se ganan en loterías o vienen en cajas de cereales. Un poco de respeto por favor.

A los artistas, para que se protejan de apariciones fantasmales o de ataques de piratas, se les recomienda lo siguiente:

    1. Lo barato sale caro: contratar a un pirata de la comunicación es más barato que a un profesional de la comunicación, pero hagan el siguiente ejercicio mental: ¿qué imagen le estarán dando a su público cuando sea enviada una nota de prensa con errores ortográficos y fallas de redacción? o cuando generen spam en redes sociales y se las bloqueen, cuando su cuenta de twitter funcione a medias o cuando los manden a ir al programa de radio equivocado. ¿Cuáles serán las consecuencias para su carrera?
    2. Revisen el resumen curricular de las personas o empresa con quien van a trabajar, que les muestren sus títulos, sus cursos certificados, verifiquen referencias, revisen las cosas que han escrito, no confíen en cualquiera que hable bonito por muy barato que les estén cobrando. Después, tarde o temprano las consecuencias serán peores, entonces sí tendrán que pagarle bien caro a un comunicador experto en gestión de crisis.
    3. ¡Denuncien! Si alguien los estafó o les hizo un mal trabajo expongan a esa persona o “empresa tapa amarilla”, para que no lo vuelva a hacer, sino seguirá perjudicando el trabajo de otros artistas. Tengan en cuenta que para denunciar o exponer un caso hay canales legalmente establecidos, para ello deben asesorarse legalmente.

Por: Roberto C. Palmitesta R.
proberto@crestametalica.com
@rpalmitesta/@escenarockfm (Twitter e Instagram)