Música en tiempos de luto, hambre, odio y violencia

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Desde el mes de abril Venezuela ha estado sumida en una situación de protestas de calle que ha generado una ola de violenta represión por parte de algunos cuerpos de seguridad del Estado, lo que a su vez ha producido una respuesta de rechazo por parte de millones de venezolanos quienes realizan las protestas en distintos estados del país. Este cuadro clínico ha llevado al país a una suerte de terapia intensiva, paralizando muchos sectores productivos y sin duda uno de los más afectados es el sector cultural.

En el caso de los músicos se ven obligados a suspender conciertos y eventos de entretenimiento, también postergan los lanzamientos de nuevos productos como discos y videos; esto no solo paraliza su capacidad de ingresos, también la de todo el equipo profesional que los acompaña: periodistas, diseñadores, productores, managers, dueños de salas de ensayo y empresas de sonido. Pero con este ambiente tan pesado ¿qué puede hacer la música para ayudar a un país en crisis? A lo largo de la historia se pueden nombrar muchos ejemplos de naciones en las que sus exponentes musicales han sido líderes y promotores de soluciones pacíficas durante regímenes dictatoriales o monarquías basadas en la tiranía. Los gobiernos democráticos con sus errores y malas decisiones tampoco han escapado a la crítica del artista.

La música cumple varias funciones porque ilumina en la oscuridad y ofrece refugio mental, especialmente a quienes optan por opción de acudir a la resiliencia.  Cuando la tensión y los problemas que inciden en la violación de derechos humanos, el escuchar música, bien sea en un concierto o en cualquier dispositivo es un alivio, un escape, un catalizador de emociones, así como un potente relajante y antidepresivo.

Otra función que cumple con eficiencia y eficacia es la de llevar mensajes que generen conciencia, contenidos que cambien posturas, promuevan el dialogo, la justicia, la unión y el entendimiento. Además trae esperanza, los éxitos de los artistas venezolanos en el exterior le recuerdan a la población las posibilidades que ofrece su país, reiterando al mismo tiempo las razones por las cuales hay que luchar. Entonces ¿por qué juzgar y condenar a quienes quieren seguir haciendo música en tiempos de guerra?

El vibrafonista, percusionista, compositor y director de orquesta Alfredo Naranjo, asegura que “todos los factores de una sociedad se conjugan en el objetivo y los resultados que se quieren lograr en un país. El mundo de la ciencia, el deporte, los estudiantes, los políticos y también el área de las artes tienen el derecho absoluto y la responsabilidad de dar un paso hacia adelante, planteando una solución, una opinión o una postura”.

El área artística es de un espíritu humanista por lo tanto va más allá del choque de fuerzas y por lo tanto los resultados pueden ser óptimos en términos de civismo, entendimiento y elocuencia porque uno se pronuncia a través de la creatividad y el discurso artístico, y no a través del choque de fuerzas, así como quienes usan el conocimiento político y de las leyes”, agregó.

La pianista y cantante Prisca Dávila asegura desde un punto de vista muy espiritual que “la música puede llevar mensajes muy importantes, puede llegar a cualquier sector porque la música une a través de sus letras o de sus ritmos, es un arte que tiene la posibilidad de tener letra y música, por lo tanto puede llegar más profundo que otros tipos de protestas. La música puede ser una protesta que una a todos los sectores y es un medio de expresarse con libertad”.

Inclusive líderes políticos como el Gobernador del estado Miranda y ex candidato presidencial, Henrique Capriles Radonski, declaró durante una concentración realizada en el distribuidor Altamira que “todos los sectores deben jugar un papel importante incluido el cultural, todos los sectores están golpeados, nadie se salva de la destrucción que hay, yo vi una forma de protestar con unos muchachos llevando música a un centro comercial y es que por donde vayan ustedes los artistas que tienen ese talento, pónganlo en práctica las 24 horas por la causa de Venezuela, al servicio de la libertad, como lo pueden hacer aquí, o en cualquier lado, como cuando se suben a un escenario”.

Otto Ballaben, gestor cultural y director de la empresa Arepa Music considera que “la música en Venezuela puede ser un tipo de propuesta pacífica, siempre lo ha sido, ahora, la protesta pacífica no pide exclusivamente el bajo impacto, se puede hacer una protesta de alto impacto que busque activar la conciencia de las personas, la reflexión, la sindéresis, la acción de unir, y esto no es nuevo, los grandes músicos de la historia de la humanidad tienen en su obra una alta carga de protesta pacífica y crítica social”.

Sucedió en otros países

A lo largo de la historia de la humanidad el arte ha jugado un rol protagónico en medio de tempestades sociales generadas por conflictos armados o por tiranías que procrean gobiernos multiplicadores de pobreza, y ha sucedido desde naciones muy pobres hasta en las grandes potencias como EEUU y la antigua Unión Soviética. Latinoamérica no escapa de estas encrucijadas generadoras de odio entre hermanos, muertes innecesarias y el asesinato de los sueños de sus habitantes.

Los rusos tienen mucho que contar y de enseñar con aleccionadores proezas intelectuales por parte de sus grandes compositores de música sinfónica. Su obra no deja de sorprender, su sensibilidad y la forma en como usaron la música, hasta sin letra, solo melodías, para llegarle a su pueblo y expresar sus diversos problemas, protestando de una manera sublime. Lo hizo Tchaikovsky en la segunda mitad del Siglo XIX y con más notoriedad en el Siglo XX autores como Prokofiev y Shostakovich.

En EEUU estrellas del pop-rock como Bob Dylan, Frank Zappa y John Lennon tuvieron un papel trascendental en las protestas en contra de la guerra de Vietnam, conflicto que les costó la reelección y la baja popularidad a los presidentes Lyndon Johnson y Richard Nixon. En la Segunda Guerra Mundial las actividades culturales realizadas por los judíos en los ghettos los ayudaron a mantener la moral en alto ante los hechos más abominables. Durante la guerra fría y después en la guerra con Irak y Afganistán muchas otras estrellas del pop – rock se pronunciaron con su música.

En el caso de Argentina, durante la dictadura militar, los artistas, cuando fueron coartados en su libertad de expresión, apelaron a su imaginación sin límites que los llevó a encontraron nuevas formas de disentir y evadir la censura. El régimen  lo que hizo fue provocar el efecto contrario. En la corriente argentina del rock nacional encabezada por figuras como Charly García, los músicos se organizaron y comenzaron a codificar sus mensajes de protesta en las letras de sus canciones, burlando de esa manera la censura, mientras que su público intentaba descifrar los mensajes disidentes en las canciones, algo admirable en tiempos donde no existía la Internet, mucho menos las redes sociales. Con las universidades controladas por las autoridades militares los jóvenes se refugiaron en el rock argentino. Esperamos que en Venezuela no se llegue a tales niveles.

Si le damos una mirada a las dictaduras del Cono Sur como la de Argentina, tenemos que Charly García y compañía no pararon en su actividad cultural, siguieron adelante haciendo música, pero su postura era muy contestataria, en sus espectáculos, en sus letras,  en sus canciones. Pensar que la cultura tiene que paralizarse no creo que eso sea bueno para un país, pero también estoy seguro de que la cultura no está en una torre de marfil, la cultura siempre está en un contexto, a veces la música los regímenes totalitarios han tratado de apoderarse de ella, lo que deben hacer sus protagonistas es no dejarse adueñar por el político de turno”, explicó George Henríquez tecladista, cantante y fundador de la banda de pop-rock Aditus.

La música: una herramienta de comunicación y construcción

La música puede ser un factor fundamental de protesta con un espíritu pacífico, pero también hay casos en donde a través de ella se den discursos agresivos, invitando a la violencia.  Hay que tener cuidado, en Venezuela los productores, artistas y gestores no la tienen nada fácil sin presupuesto, con un ambiente de perpetua zozobra y más aún con una población sumamente sensible y extremista, polarizada e inclusive agresiva. Sabiendo mover las piezas como en un ajedrez puede voltearse el juego y usar mensajes para ayudar a revertir la situación.

Juan Carlos Ballesta, músico, locutor, productor y director de la Revista LaDosis enfatizó que “con cultura se construye un país, un país sin cultura sería un país ignorante, sin sensibilidad y los más altos valores vienen de parte del arte, por lo tanto es del arte y la cultura que podemos hacer un país mejor, y hasta ayudar a la democracia (…) En Venezuela donde  tenemos una enorme cantidad de músicos de todos los géneros, es mucho lo que puede hacer el sector cultural en pro de Venezuela. ¿Por qué gastar tanto dinero en armamento si con cultura y educación es que se hace un país? Me pregunto qué está pasando en el país para que las prioridades sean adquirir armas, bombas lacrimógenas, en lugar de educar al pueblo, pero sin sesgo político, porque la cultura es universal”.

Otros músicos del ámbito académico como el compositor, director y pianista José Agustín Sánchez han vivido experiencias en diferentes países que lo han llevado a tener claro el rol trascendental que  los artistas han jugado en situaciones de conflicto: “La música sirve como puente, mediador, desahogo y como conciliador, es un vehículo para llevar mensajes de paz, de unión y de esperanza”.

He estado presente en manifestaciones de diferentes sectores y me ha servido de inspiración para componer. Además las actividades artísticas realzan el valor de nuestra cultura e inciden de manera positiva en la construcción de un país”, precisó el maestro Sánchez, creador de  la iniciativa “Entre la paz y la guerra” con la que ofrece sus obras a Venezuela, para sumarlas a cualquier iniciativa que busque la reflexión y el entendimiento. Especialmente dos de sus obras ahora son más vigentes que nunca: “Cinco discursos de paz” cuyo nombre habla por sí sola y compuesta en la tranquilidad de la base del Monte Everest; y la otra es “Salsa en tiempos de Guerra”, una oda al concilio, a la búsqueda de la identidad, al dialogo interno, con la música como instrumento pacificador y productor de la alegría contraria al odio.

Responsabilidad compartida

Muchos músicos han entendido que tienen doble responsabilidad: la primera desde el aporte que pueden dar como artistas, sembrando conciencia con su música y enviando mensajes positivos, sin contar el alivio que representa escuchar ritmos y melodías en un ambiente cargado de violencia y tensión. El segundo aporte es como ciudadanos, ellos son habitantes del mismo país y por tanto marchan, protestan, difunden noticias y hasta hace las veces de periodistas, como es el caso de la cantante Laura Guevara quien arriesga su vida en cada actividad de calle ofreciendo reportes muy completos de lo que acontece en sus redes sociales.

Philipp Sheer, guitarrista y líder de la banda Sibelius hasta cumple con tres funciones: asiste como ciudadano a las marchas, lleva mensajes de protesta pacífica con su música y como gestor cultural organiza el Sibelius Fest dando oportunidad al talento emergente y llevando esperanza a los nuevos talentos. El maestro Alfredo Naranjo concuerda con esta doble misión, para él hay que ayudar como artista y como ciudadano.

La joven estrella de la música pop, Maleh, asegura que “dados los gravísimos problemas por los que pasa nuestro país, un artista juega un rol muy importante. Un cantante como es mi caso, expresa su sentir a través de su música,  intenta enviar un mensaje a sus seguidores y busca que su público se sienta identificado; sin embargo, pienso que aquí ya no podemos actuar solo como artistas,  sino como ciudadanos que viven día a día la inseguridad, la represión, él hambre y la debacle económica en la que está sumida Venezuela y debemos alzar nuestra voz;  si mi música sirve para poder expresar el rechazo contundente a esta violencia, a este maltrato contra el pueblo que solo quiere ser escuchado, entonces yo la uso, pero es algo que va más allá de eso, yo también tomo posición como ciudadana venezolana”.

La música mueve las fibras del ser humano, los sentimientos más profundos, por eso muchos artistas protestan con sus letras y sus melodías. Sin embargo cito al violinista de las marchas, que solo interpreta el Himno Nacional y es agredido por los cuerpos de seguridad, como si él con su música los estuviera dañando… eso es inadmisible como también lo es atentar contra el derecho a la vida; por eso para mí no basta protestar con música, hay que tomar partido como ciudadanos”, añadió la cantante.

Es  curioso que escribí la obra sinfónica Salsa en Tiempos de Guerra en 2014 y ahora es tan relevante, tres años después. Cuando me encuentro vagando por las calles de Caracas, por los rincones de Venezuela y cada uno de sus movimientos terminan  sorprendiéndome, conectándome y abriendo las percepciones de lo que escribí en aquel momento y que hoy día tienen más significado: es la inmortalidad de la música que puede cambiar realidades que son adversas”, indicó José Agustín Sánchez.

¿Suspender conciertos y paralizar la actividad cultural?

Ninguno de los actores que fueron consultados en este artículo estuvo de acuerdo en la idea de paralizar la cultura y suspender todos los eventos, por diversas razones, sobre todo porque entienden que se trata de jugar con el sustento y la cobertura de las necesidades básicas del artista, quienes quieren cumplir con su trabajo como cualquier otro profesional. También están claros que un país sin cultura se derrumba y que la población necesita consuelo, aliento, deshago, alimento espiritual y energía positiva traducida en motivación.

Prisca fue muy enfática al afirmar que “más bien hay que hacer conciertos, en tiempos de oscuridad hay que proyectar más luz, estamos viviendo momentos muy oscuros, hay que tocar, además la música es un agente de cambio, la música une y puede llevar a reflexionar. Tampoco podemos permitir que esa oscuridad nos lleve, porque son muchos sentimientos como la indignación, el luto, la tristeza, pero en medio de todo eso hay que llevar un mensaje de esperanza”.

Yo creo que hay que seguir creando, la vida sigue y pienso que los guerreros tienen su momentos de choque, de impacto con el adversario,  pero también necesitan descansar y alimentarse porque la vida sigue rodando, los sueños se siguen persiguiendo y hay que seguir en cada uno de los sectores de la vida de un país”, subrayó Alfredo Naranjo.

George Henríquez formula unas interrogantes muy interesantes: “¿Paralizar la cultura? No se… creo que la pregunta que habría que hacerse es ¿qué trae como beneficio para un país el paralizar la cultura? ¿Qué beneficio trae que no tengamos conciertos o manifestaciones artísticas? Eso no quiere decir que no veas al artista en las calles, protestando, en las marchas, pero muy bien puede seguir con su actividad, además quizá a través de su trabajo pone su grano de arena con la causa, igual como lo hacen otros profesionales. No veo que la paralización de la cultura sea beneficiosa, más bien hay que tener una postura más activa”.

Sería un error pensar que la cultura es inmaculada, y no tenemos opinión y no sangramos, la cultura sangra y sangra duro, entonces creo que los entes culturales y los artistas tienen que tomar posturas, uno no es aséptico, pienso que cada vez que tienes una posibilidad de dar tu voz, de decir algo en este tipo de circunstancias que vivimos, creo que hay que hacerlo. En los espacios culturales la gente se reconecta consigo mismos, y los artistas pueden aprovechar esos momentos para conectar y dejar sentada cierta postura”, explicó el líder de Aditus quien por cierto ha utilizado sus conciertos para conseguir fondos y donaciones.

Emanuel Abramovitz, uno de los productores que más conciertos internacionales del género rock ha organizado en el país defiende la continuidad del ejercicio cultural: “muchos eventos se han visto afectados. Si a la cultura le costaba sostenerse con taquilla y sin patrocinios en tiempos normales, mucho más entonces, en tiempos como éstos que vivimos. Pero todo aquel que pueda llevar a cabo su actividad, aún en época de crisis debe hacerlo. Un ejemplo es la producción cultural que hubo en los ghettos y los campos de concentración durante la Segunda Guerra Mundial. El arte alimenta al espíritu y es más necesario que nunca en la Venezuela actual”.

La postura de Maleh es bastante coherente: “un artista nace para crear según su propia inspiración, para entretener, para embellecer el mundo con su arte. La música aporta, pone un grano de arena en esta situación, y todo depende,  en el caso de conciertos preestablecidos; cercenarlos y no permitirlos. Juzgar a los músicos como indiferentes,  no es un acto justo, es un trabajo digno como cualquier otro y no tiene nada que ver con celebración,  tiene que ver con que se necesita trabajar como cualquier otro profesional, porque hay compromisos preestablecidos, y en muchos casos familias que mantener; sin embargo, siempre hay causas de fuerza mayor que impiden hacer un concierto; si es así se asume.”

La cancelación de eventos con un gran despliegue de producción es entendible. Sobreviven los eventos cuyo costo de reprogramación no es demasiado alto. A quienes se arriesgan en vez de crucificarlos hay que apoyarlos y  valorarlos. Para Emanuel Abramovitztambién hay que considerar que muchos puestos de trabajo dependen de actividades culturales indirectamente: estacionamientos, restaurantes, transportistas, lutieres, emisoras de radio, utileros, ingenieros de sonido, de luces y muchos más. Ponerlos a buscar otro sustento los saca del lugar dónde saben ser más útiles.”

Otto Ballaben estima que “criticar artistas es un tema delicado porque será visto dependiendo la óptica de cada profesional. Creo que en Venezuela no vivimos un momento de celebración, pienso que la celebración banal de las cosas debe evitarse, Venezuela no está pasando por un momento feliz, atravesamos un momento difícil y complejo, en el cual una fiesta no arregla nada, más bien pierde el foco del problema que atravesamos. Como gestor cultural creo que debemos ser creativos y proactivos al realizar actividades culturales, no debemos estar ciegos ante la realidad y debemos saber interpretar la situación, esa es la clave, no hacer una acción cultural que este desligada de las circunstancias que estamos viviendo.

Prisca opina que “en estos momentos a los artistas no es difícil llevar nuestra agenda artística por todo lo que está sucediendo y esta la prioridad de luchar por la democracia, pero también nosotros tenemos que seguir y mucha gente no lo ve así porque tienen otro tipo de trabajo convencional, pero el arte es nuestro trabajo, por una parte hay que entender que nosotros tenemos que subsistir. Creo que es importante el rol de la cultura, en la historia, hasta en las grandes guerras ha habido manifestaciones culturales, porque con más razón aún el hombre tiene que expresarse”.

En esta etapa de protestas se han hecho actividades algunas que han incluido el performance de algunos músicos, como por ejemplo lo fue la marcha de los artistas que llegó a plaza Alfredo Sadel de las Mercedes donde había una tarima donde se le ofreció al público presente un pequeño performance, así como la concentración que se hizo en el mismo lugar para recordar los 10 años del cierre de RCTV uno de los canales pioneros de la televisión en Venezuela. Ambos fueron criticados tanto por algunos sectores, como por la comunidad en general, alegando el luto que aqueja al país que es muy real y que genera tanto dolor; pero por otro lado ¿por qué no darle el rol a la cultura de llevar un mensaje, de llevar esperanza de aliviar tanta tristeza? Ambos casos no fueron actos de celebración festiva, menos un desfile. Que exista luto no significa que tengamos que vivir con él cada segundo de nuestra vida, porque se crea un sentimiento oscuro, de odio, de resentimiento que en nada ayuda, más bien hay que reiterar que la música es un potente catalizador y un puente muy sólido. Recordemos las palabras de Martin Luther King:

Devolver odio por odio solo multiplica el odio, añada una oscuridad más profunda a una noche ya desprovista de estrellas, La oscuridad no puede expulsar a la oscuridad: solo la luz puede hacer eso. El odio no puede expulsar al odio, solo el amor puede hacer eso”.

Todos debemos comer, tomar medicinas, dormir y descansar aunque sea para volver a afrontar la realidad; de igual manera hay personas que necesitan el esparcimiento. En el caso de nosotros los músicos, considero que no podemos sentirnos mal por tocar en un concierto porque más bien estamos contribuyendo, ayudamos a que el público que asiste a un concierto pueda ordenar sus ideas y reposar gracias a la música. Es necesario abstraerse y la música es una válvula de escape para no colapsar ante el estrés, y así poder equilibrar emocionalmente lo que sucede”, contó el flautista de la Orquesta Sinfónica Venezuela, Andrés Eloy Rodríguez a la web Venezuela Sinfónica.

¿Existen los insensibles?

Es cierto que no podemos condenar a quienes buscan su sustento con la actividad musical, pero también deben reconocerse a quienes han demostrado una actitud francamente insensible, los vemos celebrando o en una actitud festiva divorciada totalmente de lo que sucede. Pero el insensible no solo es el artista, también vemos día a día a tantos ciudadanos viviendo en un mundo paralelo, entonces es el artista – valga la redundancia – es quien hace la condena.

No estoy de acuerdo con los excesos, no solo del mundo artístico, también en general, de personas que hacen un ejercicio inconsciente de pretender llevar una vida donde nada estuviera pasando, porque a lo mejor están rodeados de facilidades, donde no ejercen la conciencia y la consideración con los demás, en medio de un conflicto del cual es imposible que pase invisible. Hay que seguir tocando pero estando consciente de que estamos en medio de una situación de confrontación”, indicó Alfredo Naranjo.

Muchos jóvenes quisieran vivir lo que les toca, es decir una juventud plena y de disfrute, experimentando en todas sus etapas, pero justamente son ellos quienes más dan la cara por el país y se alejan de la indiferencia. Justamente Maleh, una de las estrellas juveniles tiene una postura muy madura: “en la mayoría de los casos, en los conciertos se concientiza y sensibiliza a los asistentes, se hace un alto y se habla sobre la crisis. Eso no sería justo prohibirlo. Hay sus excepciones, porque va más allá de eso y pienso que hay quienes parecen indiferentes e indolentes, cuando  se trata de que todos vivimos en carne propia las penurias. Callar y no hacer un alto en nuestras carreras  y actuar como si no pasara nada es lo que la gente tiende a criticar.”

Philipp Sheer, otro ídolo de las audiencias juveniles, sobre todo en el rock, durante las movilizaciones de 2014 en más de una oportunidad opinó que hay que mantener a la gente activa y motivada, sobre todo a quienes permanecen indiferentes y este año mantiene su postura de que “la indiferencia hace mucho daño”.

¿Cómo hacer conciertos con tanta incertidumbre?

Si bien hay un consenso en que no se puede apagar del todo la maquinaria musical, luego hay que enfrentar un problema nada fácil de resolver y con obstáculos muy grandes que sortear. ¿Cómo organizar un concierto en cualquier escenario cuando en forma imprevista puede surgir una acción de calle con represión incluida que puede llevar a una cancelación inminente? Impera una incertidumbre que lleva a replantear los objetivos, porque como la idea es llevar mensajes de sensibilización y concientización, entonces varios movimientos de artistas organizados han optado por realizar producción sencillas en espacios inclusive no convencionales, evitando los teatros, centros culturales y locales nocturnos que se encuentran en el centro del huracán, aunque no hay que descartar del todo su uso, porque bastante provecho se le puede sacar en forma estratégica  y así generar un efecto multiplicador que beneficie a todos los involucrados.

Suena contradictorio pero no podemos condenar a que locales y recintos culturales cierren, cesando toda actividad, más bien hay que apoyarlos y convertirlos en refugios para quienes buscan olvidar por al menos durante un par de horas la dolorosa realidad, especialmente aquellos que están en su derecho de protegerse detrás de la resiliencia. Es sano que sigan con su programación y hasta es lo más inteligente para contribuir con una causa, porque representa el tan necesario “descanso del guerrero”, el alimento del espíritu y un ejercicio de equilibrio mental.

Para Juan Carlos Ballestaes complicado programar eventos de calle con esta situación tan volátil e impredecible, hay zonas de Caracas que ya están destinadas a los desórdenes y a las marchas, pero hay otras que están más vírgenes. Estamos hablando de hacer cosas de día y pienso que sería difícil de organizar un concierto masivo, con una gran tarima, por el mismo tema, quizá habrá que actuar más con acciones sencillas, eventos breves para llevar el mensaje que se quiera llevar, y luego intentarlo en otro lugar; en ese sentido realizamos acercamientos con una producción nada complicada que dependiendo del resultado luego pueda llevarnos a algo más grande”.

Otto Ballaben expone un juego de roles que si son bien asignados puede rendir beneficios: “me gustaría ver el rol del artista como el de un traductor clave, ya que no solo en Venezuela, a nivel mundial siempre ha representado una especie modelo social en su diversidad, sobre todo en la riqueza del mapa artístico venezolano se asoman muchas posibilidades”.

El director de Arepa Music insiste en que “dentro del rol del gestor cultural nosotros tenemos la interpretación de una situación y luego la colaboración de unir, difundir, propiciar actividades, bienes y servicios culturales. Primero hay que lidiar con la polarización, en mi caso mi línea siempre ha sido buscar el puente, debido a la alta polarización política que le ha hecho un grave daño al país, que en la historia humana no ha llevado a ningún país a ningún lado, un país no crece cuando está dividido. La responsabilidad de todos los gestores es inmensa y ese el rol comienza a través del reconocimiento de las funciones que desempeñan todos los factores. Tampoco debemos confundir la gestión cultural con una campaña política. Mis actividades siempre parten del reconocimiento, de la inclusión y desde hacer de la cultura de un puente en el que nos podamos ver reflejados y buscar puntos en común”.

Consolidando un movimiento de protesta musical

La escalada de protestas y violenta represión va in crescendo, por lo que las acciones pacíficas basadas en la cultura también han aumentado, al igual que las iniciativas individuales.  Al comienzo fue muy tímido pero cada día surgen nuevas ideas como las de Alza tu Música, Canta Pueblo, Artistas por Venezuela, Peces del Guaire, Laboratorio de Protesta No Violenta y muchas otras; solo quedaría articularlas todas en un movimiento coordinado para maximizar su impacto, y eso ya está comenzando a suceder por el espíritu de cooperación que se ha evidenciado entre un movimiento y otro.

Hemos visto a jóvenes muy valientes como el violinista Wuilly Arteaga quien junto a otros músicos que provienen del Sistema Nacional de Orquestas han tocado sus instrumentos en los frentes de las marchas y hasta en los “piquetes”, enfrentando con música a los cuerpos de seguridad del Estado. Otros enmascarados han aparecido con la misma actitud tocando el instrumento nacional: el cuatro, intentando mitigar un ambiente cargado de una tensión que corta como un puñal afilado. La cantante Laura Guevara muchas veces regala a quienes la siguen en sus redes sociales durante las marchas, momentos en los que entona mensajes de optimismo con su carismática voz.

Los músicos venezolanos que residen en el exterior no han cesado de gritarle al mundo lo que acontece en su patria natal, tanto en conciertos multitudinarios como en sus redes sociales, al mismo tiempo que buscan darle fuerza y estímulo a quienes los observan desde sus pantallas. Se han sumado estrellas internacionales como Ricky Martín, Alejandro Sanz y Miguel Bosé.

Si bien es cierto que falta más contundencia y más participación de todo el gremio, hay que reconocer que estos grupos o asociaciones de músicos (de distintos géneros), periodistas, productores, gestores, diseñadores y dueños de empresas de sonido se han unido desinteresadamente (inclusive en algunos casos poniendo a un lado sus diferencias), con la intención de consolidar un movimiento que contribuya con acciones reales a la lucha por conseguir la paz y la unión entre los venezolanos.

Algunos actores consideran que falta más impulso y que el tiempo está en contra como Ballaben: “veo con mucha alegría que en el mundo del teatro se están haciendo iniciativa brillantes, incluyentes, con respeto, con altura, sin ofensas, no violentas, a diferencia de los músicos a quienes he visto muy activos en su función personal y ciudadana en las marchas, expresándose en entrevistas y en redes sociales, pero he visto pocas iniciativas o propuestas artísticas por parte del sector musical, y para mí eso es un grave error, porque la música dentro de la cultura venezolana es el arte que tiene el mayor impacto, que genera mayor conciencia sobre el venezolano, contando con un país muy musical, pero donde no se ha logrado identificar esa oportunidad que tienen los músicos para expresarse”.

Alejandro Adrián, fundador y director de Cresta Metalica Producciones también asegura que falta empuje: A los artistas, más que todo del ámbito musical, deben ser más contundentes en sus mensajes y directos. Estamos viviendo un momento histórico en Venezuela, y esto va a quedar plasmado de por vida en nuestras vidas, libros, artes, música, en general a nivel cultural, social y político será un aprendizaje y un legado que dejaremos a las próximas generaciones. Somos la voz y la punta de lanza de un GRAN CAMBIO en nuestro país, como ciudadanos y gestores culturales y empresarios. Como Licenciado en Administración de Empresas, Productor, Locutor, Comunicador Social tengo las herramientas y todas las estoy usando en cada momento posible, para resistir y estar día a día desde mi hogar y trabajo dando el mensaje de prosperidad, lucha y viendo hacia adelante sin que perdamos nuestro camino forjado de vida

Queda mucho por hacer y quedan pendientes más acciones, y no por falta de interés del gremio, es la magnitud y la complejidad del problema que consume a Venezuela de múltiples maneras lo que a veces dificulta el accionar del medio musical. Mientras los artistas siguen creando, no solo obras musicales, también acciones de protesta pacífica, al mismo tiempo que los acontecimientos siguen desarrollándose de manera violenta en toda la nación. Habrá que ver cuál será el nivel de protagonismo que tendrán nuestros músicos.

Continuará….

Por: Roberto C. Palmitesta R.
proberto@crestametalica.com
@rpalmitesta/@escenarockfm