Migrar es mutar (Parte I)

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Dicen que viajar te abre la mente y expande tus horizontes, pero migrar, ¡ah! ese es un animal totalmente diferente, te obliga a mutar o morir, y para lograrlo hay tres etapas básicas: sobrevivir, adaptarse y evolucionar. Algunos tienen la postura de que sobrevivir es la última etapa, la consecuencia de adaptarse al medio evolucionando, pero viendo la situación en la que están llegando muchos venezolanos a Argentina -con dinero que se les acaba en semanas y usando shorts en invierno- me atrevo a cambiar el orden de los factores.

Sobrevivir

Llegas a un país nuevo con tus sueños, expectativas, preconcepciones sobre el lugar y su gente (y de ti mismo); algunas cosas son parecidas a lo que conociste y viviste en tu tierra, pero “parecido” no es lo mismo que “igual”. Es tonto aclarar este punto, pero es idiota no prestarle atención y entenderlo de entrada pues, de no hacerlo, vas a ir juntando piedras en el zapato y el camino se te va a hacer difícil y doloroso.

Primero que nada, tu eres diferente. Te sigues llamando igual, tus problemas de peso y tu despecho amoroso siguen allí cuando te ves al espejo, salvo las ojeras que te haya generado el estrés del viaje y su preparación, te sigues reconociendo, sigues siendo el mismo, pero ya no es así.

Esa persona que eras unos días antes de llegar a ese nuevo país ya no está; esa persona no tenía que prestarle atención a las sutilezas de lo que significa interactuar diariamente en una sociedad como creció allí: todas las reglas y costumbres las fue digiriendo poco a poco hasta convertirse casi en un reflejo. Usar el transporte público, comprar cualquier cosa, preguntar una dirección, o simplemente caminar por la calle, todo eso lo hacías sin pensarlo, en automático, como todos, no resaltabas, no eras diferente… Ahora sí.

Ahora eres diferente pues algo tan sencillo como hablar ya no significa abrir la boca y dejar que salgan las frases que quizá pensaste un poco, no, ya no. Ahora conversar implica varios pasos incluso si los haces en tu mismo idioma pues tienes que:

a) Traducir mentalmente lo que te dicen, revisando tu diccionario interior buscando sinónimos o equivalencias a lo que te dicen, y si no consigues alguno, pues preguntas y lo almacenas para futuras referencias.

b) Entender qué te están diciendo, pues todo depende de la situación, de la persona y del momento; es muy fácil malinterpretar lo que no se conoce, y más cuando se está a la defensiva (lo cual es muy normal cuando migras y estás fuera de tu elemento).

c) Ensamblar una respuesta acorde y coherente que te acerque más a la meta que tienes y para eso tienes que…

d) Traducir mentalmente a la inversa, tomando en cuenta la idiosincrasia y los códigos del lugar (que no conoces), usando términos y frases comunes que maneje el que te escucha, pues ya no es “carrito”, es “colectivo”, ya no es “metro” ahora es “subte”, ya no le “echas los perros” a alguien, le “lanzás los galgos”, y “guevón” es “boludo”.Y por último hablas, pero no es tan sencillo porque…

e) Tienes que vocalizar el mensaje, conscientemente modificando la manera en la que tu lengua y labios hacen salir los sonidos para imitar el acento del país y la tonada particular del lugar. Y este punto es particularmente fastidioso pues si no te sale perfecto resaltas más como extranjero, teniendo que aguantar si causas unas risas (bienintencionadas la mayoría de las veces), o si despiertas al pequeño nazi que unos cuantos llevan por dentro. Pero si sientes que tu acento va muy ligado a tu personalidad e identidad nacional y te niegas a cambiarlo, perfecto, no hay problema. Los primeros tiempos serás exótico si no hay más venezolanos en la zona (cada vez quedan menos espacios así en BsAs), pero luego escucharás cada vez más seguido “ché ¿y cuánto tiempo tenés acá? ¿Tanto? ¡Aaah! Y todavía no se te fue el acento…” y eso es algo que tarde o temprano te va a sacar la piedra.

“Pero esto no es sobrevivir, es adaptarse,” podrás estar pensando, y algo de razón tienes, pero uso de ejemplo algo tan básico como hablar para que entiendas qué tan profundos son los cambios que vas a tener que hacer en tu estructura mental, en tus hábitos y costumbres, en todo lo que dabas por sentado, para que entiendas que aunque hayas migrado acompañado vas a estar solo en el día a día, y como estás recién llegando y no estás establecido, tienes que sobrevivir, hacer lo que sea necesario, trabajar en lo que puedas, comer lo que se come allí adonde llegues, tomar tu ego y guardarlo en un relicario ya que pertenece a otro tu, y no puedes permitir que te estorbe para conseguir lo mínimo para sobrevivir: comida, techo y trabajo.

Tienes que sobrevivir, se lo debes a los que quedaron allá, a ti mismo, y a los que vendrán porque aunque he pintado un escenario muy solitario e individualista y no necesariamente será así para ti, no puedes arriesgar tu supervivencia en una suposición vaga de que todo estará bien y todo saldrá como esperas, pues te juegas el pellejo, y la única manera segura para no perderlo es dejar de ser quien fuiste, y ser lo que la situación requiere que seas.

Tienes que sobrevivir porque te necesitamos, todos. Tenemos un trabajo gigante que hacer, nos haces falta para ayudar a los que vienen detrás tuyo, para levantar el nombre de Venezuela que tan manchado está, y para reconstruirla en un futuro cercano.

Pero primero tienes que…

 Por: Pablo Casal
@Grineante